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Metabolismo socioeconómico en Balears: expansión y asfixia

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No estamos sólo ante un problema estadístico o de crecimiento económico, ni tampoco de costes de producción o cocientes de productividad, ni siquiera de subida de precios derivados de la penúltima guerra de oriente o de occidente y, por supuesto, el rompecabezas de fondo no es tampoco la falta de recursos naturales. Vivimos, estamos viviendo, entre crisis y expansiones, una lenta evolución de nuestro metabolismo socioeconómico que, como si del mal colesterol se tratase, modifica de manera silenciosa, peligrosa e implacable nuestro vivir y convivir.

El asunto es complicado, enmarañado y, a la vez, complejo -tiene distintas aristas- y, por tanto, las indicaciones terapéuticas, potencialmente sanadoras, no son ni sencillas, ni fáciles, o por lo menos no lo son a corto plazo. A ninguno de los lectores se le escapa que, como ocurre en los temas de salud individual, podemos «crecer», pesar más, tener más «masa», pero si los incrementos que señala la báscula son de tejido adiposo o grasa, nuestra salud global no es mejor, al contrario, el bienestar es peor y nuestro riesgo a futuro, mucho mayor.

Por eso, si analizamos con reposo y con detalle, la patobiografía, -la historia clínica-, el relato de las últimas décadas, con sus logros y fracasos, los distintos modos de producir, nuestro quehacer, y la evolución de los indicadores completos -no parciales-, la resonancia que se nos dibuja, la evidencia de los datos que se nos presenta no es halagüeña. En el Cercle d’Economia de Mallorca seguimos mensualmente 42 indicadores -Index económico-, y realizamos y difundimos libremente, numerosos estudios: entre otros, «Repensar Balears», «Financiación Autonómica», «Crecimiento demográfico y económico», todos disponibles en la red que nos atrapa y envuelve.

Con todas sus limitaciones conocidas, el producto interior bruto (PIB) - o el PIB per cápita- y el crecimiento demográfico -la demografía marca el destino-, son dos de los indicadores clave para evaluar la salud económica, la «riqueza promedio» y el bienestar de una sociedad. En las islas Balears, las ramas de actividad que nutren nuestro PIB (44.692.852.000 e. en 2024) son, por este orden, «Comercio, Hostelería y Transporte» (15.194.229.000 e.) -que explica el 35% del PIB y se ha multiplicado x 2,6 en lo que va de siglo XXI- y la «Actividad Inmobiliaria» (6.157.003.000 euros) que es responsable del 14 % de nuestra producción y se ha multiplicado x6! desde el año 2000-. La necesidad de una numerosa fuerza laboral (567 mil personas) para atender todos los servicios de nuestra actividad principal, explican un crecimiento demográfico desmesurado y sostenido, básicamente por saldo migratorio -no por nacimientos-, que es el más alto de todo el Reino de España en los últimos 25 años (un 62%!! desde 1996) y que a su vez, tiene un fuerte impacto directo sobre el consumo , la necesidad de vivienda, la energía, el transporte, los recursos hídricos y sobre los denominados servicios públicos fundamentales (Centros de salud, Hospitales, Escuelas, y Servicios sociales, etc...). En este siglo se han inaugurado, por ejemplo, Hospitales en Palma, Inca, Formentera o Menorca, que precisan también miles de profesionales sanitarios para su funcionamiento. La Administración pública supone 5.926.347.000 euros (un 13% del PIB, menos que la actividad inmobiliaria) proporcionando empleo a 114 mil personas del total.

Sin embargo, al mismo tiempo que ocurre esta significativa transformación social y en paralelo, la producción agroindustrial insular ha ido amenizando, asfixiando, año tras año, y vive hoy una situación agonizante y que no se reanima con el claxon de unos tractores o con la voz de los escasos agricultores que sobreviven. Los datos oficiales de la Contabilidad son demoledores: en el año 2000, cuando Balears contaba a 823 mil residentes y proporcionaba hospitalidad a 11 millones de visitantes, la Agricultura, Ganadería y Pesca aportaban 250 millones de euros y empleo a 9.300 personas y familias. En 2024, con 400 mil nuevos residentes más que alimentar y 18 millones de visitantes que atender, la aportación de esta rama se redujo a 190 millones, con pérdida de 12 millones de horas de trabajo y generando sólo 3.400 empleos. Esa actividad primaria que en teoría nos alimenta supone apenas un 0,4 de nuestro PIB, (6,5 veces menos que en resto de CA).

Ante este panorama no les extrañe que importemos casi el 90% de los productos básicos con el enorme impacto que eso tiene en la sostenibilidad medioambiental, que el kilómetro cero, sea casi cero, ni que tampoco la finca centenaria de Can Bleda se llame hoy «Hotel Corazón». Por eso, TIC en las islas no es aún Tecnologías de Información y Comunicación (1,7% PIB), sigue siendo Turismo, Inmobiliaria y Construcción (55 % PIB). Mientras el PIB per cápita, en paridad de poder de compra o en precios reales, ha descendido, la población sigue creciendo y la necesidad de vivienda aumentando. Podemos sentarnos y observar, o reflexionar, juntarnos y actuar. ¿Qué les parece?

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