Después de un largo período de tipos de interés cercanos al cero por ciento, incluso negativos, el asomo del fantasma de la inflación general, que se situaba en el 9,2 % en el segundo semestre de 2022, hizo sonar todas las alarmas en la eurozona y provocó que el Banco Central Europeo emprendiera su enérgica subida, con una evolución de 0,50 en julio; 1,25 en septiembre; 2,00 en noviembre; y 2,50 % en diciembre, marcándose un único límite: que su economía no cayera en recesión. Este rápido aumento de tipos fue moderándose en 2023 con aumento de sólo dos puntos más, alcanzando 4,50, que prácticamente se mantuvo durante el primer semestre de 2024, fluctuando a la baja en el segundo hasta llegar al 3,15 % a finales de año, cuando la inflación parecía si no dominada, al menos controlada. En el año 2025 ha continuado su evolución a la baja hasta mayo, incrementándose ligeramente después hasta diciembre.
El euribor a un año, principal índice de referencia para los préstamos hipotecarios, ha seguido asimismo a la baja durante los cinco primeros meses de 2025, pasando del 2,448 al 2,045, aunque haya aumentando ligeramente hasta final del año alcanzando el 2,245, desde donde debería mantenerse bastante estable mientras la inflación se contenga en el seno de un marco de referencia geopolítico estable, carente de cambios bruscos, ni siquiera de perturbaciones, que puedan influir negativamente, es decir, empujando el índice de inflación al alza, con la directa consecuencia de un aumento de tipos de interés para contenerla. Para nuevas operaciones las instituciones financieras de la zona euro, que compiten bien en un entorno de tipos al alza, trasladaron estos tipos a sus clientes con un incremento de 1,3 ó 1,1, según sean Sociedades u hogares para inversiones o adquisiciones de viviendas y una disminución de 0,3 ó 0,4 para depósitos a plazo, acentuándose hasta 1,7 ó 1,6 para cuentas a la vista.
Esta situación, de inflación controlada, descenso de los tipos de interés e incremento de la capacidad de consumo e inversión, ha constituido un buen marco para favorecer el anunciado crecimiento de la actividad económica en España, incluso por encima de las previsiones y de los países de la eurozona. Este mayor incremento de la producción de bienes y servicios ha arrastrado el crecimiento del empleo, que con un incremento de salarios real, al haber renovado los convenios con un aumento de salarios por encima de la inflación, que sumado al añadido anterior refuerzo de las ayudas y subvenciones a las rentas más bajas, ha favorecido el incremento de la demanda de bienes de consumo e inversión privada siguiendo el círculo virtuoso de mayor demanda de bienes y servicios, mayor producción, mayor empleo y mayor renta.
En Balears la situación ha sido todavía mejor por el mayor incremento de la actividad económica con respecto a España, cuya consecuencia ha sido un poder adquisitivo de los hogares más alto, lo que ha permitido tanto el aumento del consumo privado, como la generación de ahorro privado, la parte del cual destinado a depósitos bancarios ha logrado para éstos otro récord histórico, como se puede apreciar en los cuadros de depósitos de Balears que se acompañan. En referencia a los créditos, este mismo entorno ha coadyuvado una vez más a la amortización de una parte de las cifras anteriores de crédito vivo, mientras seguía la demanda de nuevos préstamos con destino a vivienda de particulares o inversiones de empresas, dando un resultado final de operaciones de crédito realizadas un poco por encima de las amortizaciones practicadas, por cuyo motivo la cifra final se ha incrementado ligeramente, aunque se sigan manteniendo similares cifras totales durante el último quinquenio. En su papel de liderazgo en el sector turístico, las perspectivas futuras en Balears, son las de estabilidad y moderación en el crecimiento siempre que el marco geopolítico no se vea alterado.