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El siglo XIX ante la mirada de Goya

Los grabados de las series «Caprichos» y «Desastres» del genio aragonés se exponen en la sala de Cultura de Santa Eulària

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La sala municipal de Cultura del Ayuntamiento de Santa Eulària acogerá a las 17,00 horas la inauguración de la exposición «Caprichos y desastres», de Francisco de Goya, que permanecerá abierta al público hasta el próximo día 28. La muestra, de carácter itinerante (en la primavera de 2002 se presentó en Santa Antoni), está patrocinada por la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) con la colaboración del Ayuntamiento del municipio. El horario de visitas será de 17,00 a 21,00 horas, quedando las mañanas reservadas para visitas guiadas para escolares.

La muestra presenta 160 grabados originales entre las dos mencionadas series. En los «Caprichos» (editada en 1799), el genial artista aragonés deja volar su imaginación, pues al no ser un trabajo de encargo se permitió elucubrar sobre la realidad social de su tiempo con acidez, ironía y humor negro. En cuanto a los «Desastres de la Guerra (finalizada en 1820), se trata de una serie en la que el autor de «Los fusilamientos del 2 de mayo» refleja los perfiles más dramáticos y miserables de todas las guerras a través de su experiencia directa en la que en aquellos años libraba el pueblo español contra los franceses.

Los «Caprichos» es la primera de las colecciones de grabados que realizó Goya y la única que se editaría bajo su supervisión directa. Mezclando la técnica del aguafuerte y del aguatinta, las 80 láminas resultantes muestran unos matices inconfundibles que presidirán toda su producción gráfica. La siguiente gran colección de grabados del maestro aragonés no verá la luz hasta 1863, cuarenta años después de su muerte. El motivo principal de esta tardanza está en la mezcla que se señala en la serie, en la que vemos escenas directamente relacionadas con la guerra, junto a otras producidas después, en pleno desvarío absolutista de Fernando VII.

Las primeras obras grabadas de Goya se pueden datar hacia 1778, cuando, de forma incipiente, copia al aguafuerte 16 pinturas de Velázquez pertenecientes a la Colección Real. Pero es a partir de 1793 cuando el artista saca el máximo partido de una técnica que pone al servicios de sus ideas: los «Caprichos» no son otra cosa que un intento de denuncia a la vez que un instrumento educativo, un querer propagar las ideas de la minoría ilustrada, que tenía puestas sus esperanzas en el hombre razonable. Pero, además, incorporando una variante singular de la técnica del aguafuerte, el aguatinta, que proporcionaba un carácter pictórico y no solamente lineal de las estampas dibujadas.

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