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Marià Serra: «Los primeros recuerdos de la vida son los más imborrables»

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La Sala de Cultura de «Sa Nostra» acogió ayer la última conferencia del XXXI Curs Eivissenc de Cultura, a cargo del presidente del Institut d'Estudis Eivissencs (IEE), Marià Serra, con el tema «El canvi no esborra el records». El broche final del curso sobre «Eivissa fa cinquanta anys» lo pondrá la mesa redonda programada para hoy y la excursión a Benimussa de mañana sábado; si el tiempo no lo impide.

En su intervención, Marià Serra apuntó que, «por tener el campo ya muy acotado», al ser el último ponente, no iba a tratar «los grandes acontecimientos de la década, sino la intra historia, la de cada día y personal, teñida de un fuerte subjetivismo, pues los primeros recuerdos de la vida son los más imborrables y en aquellos años yo era niño y adolescente», precisó.

Con tales premisas, Serra fue haciendo un repaso, ameno y pleno de anécdotas vividas en primera persona, de las secuelas de la guerra y la posguerra: vacunas, cartilla de racionamiento, los sabañones, las colas del carbón, los juguetes (o la falta de ellos, más bien), la doctrina cristiana, los roles masculinos y femeninos, «perfectamente diferenciados». A continuación entró a describir cómo era el ámbito familiar, social, cultural y escolar; fijándose en «el salario interprofesional que tenía asignado un niño de aquel tiempo», ironizó. Escaso dinero de bolsillo usado, sobre todo, en el cine, «una de las principales atracciones».

También se refirió Marià Serra a «los espacios mágicos» de la ciudad, como el puerto, el Puig des Molins, es Soto, el Calvari, ses feixes, Talamanca, la Barra, ses Figueretes... Del estraperlo; de la gran nevada del 1 de febrero del 54; de la influencia del Ejercito en la vida cotidiana de la ciudad; la llegada de algún circo; la «marcha» nocturna, «centrada en Sant Antoni», entre otros temas, incluido el polémico episodio del Padre Morey y su partida forzosa y expeditiva en 1959 a causa de un escándalo amañado por ciertos poderes fácticos, que no veían con buenos ojos la labor que el sacerdote mallorquín realizaba de cara «a la educación integral de la juventud de la isla», precisó Serra. Un caso aún muy vivo en la memoria de los niños y adolescentes ibicencos de la época, deudores de por vida con tan singular sacerdote.

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