Cambiar una vivienda por un velero puede parecer una locura para muchos. Para Roberto, un gallego jubilado hace un año tras décadas trabajando como funcionario en un ayuntamiento, ha sido la mejor decisión de su vida. Alquiló su casa en Galicia y puso rumbo a Ibiza para convertir un barco de casi 14 metros de eslora en su nuevo hogar.
Su historia la cuenta el creador de contenido Diego Revuelta en un vídeo de YouTube en el que muestra cómo es el día a día de este jubilado que vive fondeado frente a la costa ibicenca.
Nada más subir a bordo sorprende que el velero tenga poco que envidiar a un apartamento. Dispone de una amplia cocina con horno y nevera doble, baño, varios camarotes con capacidad para seis personas y un salón lleno de recuerdos familiares donde destaca una camiseta de Pedri con la selección española colgada en la pared. «Esta es mi casa. Aquí vivo desde hace un año», dice Roberto. Y cuando le preguntan si echa de menos una vivienda convencional, responde sin dudarlo: «No, nada».
Natural de Vigo y residente durante años en Moaña, explica que el mar siempre ha formado parte de su vida. De hecho, recuerda que nació en una casa junto a la playa cuyo salón tenía el suelo de arena. Incluso su apellido, Mariño, significa «marinero». «Estaba predestinado», bromea.
Aunque su idea inicial era dar la vuelta al mundo, reconoce que Ibiza le ha hecho cambiar los planes. «Voy encontrando lugares donde me siento muy bien y este es uno de ellos. Aquí estoy de maravilla», asegura.
Su cambio de vida llegó después de superar un cáncer en 2023, una experiencia que le hizo replantearse sus prioridades y decidir que era el momento de cumplir el sueño que llevaba años preparando.
Durante la entrevista también habla de uno de los grandes problemas de Ibiza: el precio de la vivienda. Asegura conocer a personas que pagan 3.000 euros al mes por un pequeño apartamento de una habitación, aunque insiste en que él no vive en el barco por necesidad, sino por elección. «Mi barco es para disfrutarlo yo y la gente que yo decida», afirma.
Su rutina está lejos de ser la que muchos imaginan. Cada mañana comienza el día dándose un baño en el mar antes de desayunar y ocuparse de las tareas del barco. «Tengo días buenos y días muy buenos», resume sobre una vida que asegura no cambiaría por ninguna otra.
La conversación también recuerda a Miguel Campo, un navegante entrevistado anteriormente por Diego Revuelta que desapareció cerca de Bahamas. A raíz de ello, Roberto explica que el mar puede ser peligroso, pero sostiene que se siente más seguro navegando que conduciendo por las carreteras de Ibiza. Su velero cuenta con radiobaliza, sistemas de localización y varios equipos de emergencia preparados para cualquier incidente.
Pese a que muchos le han llamado «loco» por dejar atrás una vida convencional, él tiene clara la respuesta si alguien quisiera comprarle su casa flotante. «Si hoy viene alguien y me ofrece el doble de lo que me costó, no lo vendo. No cambio mi barco por nada», sentencia.
,,, solo por superar el maldito cáncer,, y llegada la jubilación,,tiene usted el derecho de disfrutar de la vida, donde, como y con quien quiera...felicidades.