JULIO HERRANZ
Han pasado tres años desde que terminaran las obras de remodelación del edificio de Can Comasema (Dalt Vila), ofrecido por el Ayuntamiento de Eivissa para que acoga el legado Puget, y parece que, por fin, se ha desbloqueado la situación de atasco político en el que se encontraba el caso. Así lo anunció el pasado lunes en Eivissa el director general de Bellas Artes, Julián Martínez, al informar que en lugar del Govern balear, como estaba previsto en principio, será el Ayuntamiento de Eivissa quien gestione el futuro Museo Puget.
La noticia, a pesar de algunas sorpresas, ha sido recibida con satisfacción por todas las partes implicadas. Y es que la situación parecía ya kafkiana, atribuible, acaso, a la diferencia de color político entre las instituciones que tenían que llegar a un acuerdo: el Ministerio de Cultura y el Govern balear. Satisfacción que incluye la de las herederas directas de Narcís Puget Riquer, que es quien hizo en 1980 la donación al Estado español «de lo mejor de su obra y de lo mejor de la obra de su padre, Narcís Puget Viñas», según precisó a este periódico el pasado miércoles Guillermina Puget, una de sus dos únicas hijas, junto a María Asunción. «Estamos plenamente conformes con el acuerdo. Consideramos que con esta decisión se respetará la voluntad de nuestro padre», añadió la hija y también pintora.
Apertura
Así que si se cumple lo prometido por Julián Martínez, el esperado Museo Puget abrirá sus puertas el próximo verano. Faltan hacer algunos retoques al edificio, pues tres años cerrado habrá estropeado algo la remodelación con la humedad y otras inclemencias. Y luego, colgar al fin la obra, «que están perfectamente conservadas en el Museu Monogràfic del Puig des Molins, con el grado de humedad que corresponde y demás cuidados», aseguró a este periódico el 11 de enero la directora general de Cultura del Govern, Catalina Sureda.
En la misma entrevista, Sureda recordó que el Govern, en colaboración con el Ministerio de Cultura, organizó en 2001 en el edificio gótico de la Llonja de Palma una exposición con el legado Puget, que, por cierto, no fue presentada en Eivissa. Un acuerdo que fue muy fácil entonces, pues el gobierno central estaba en manos del Partido Popular.
De aquella exposición se editó un completo catálogo con una «Visión familiar» de los artistas a cargo, precisamente, de Guilermina Puget. Catálogo del que proceden las obras que presentamos en estas páginas, que incluye también un artículo del director del Museu Arqueològic d'Eivissa, Jordi Fernández en el que explica que el conjunto de obras donadas por Narcís Puget Riquer «está constituido por un total de 42 óleos y de 30 dibujos en papel y carboncillo de don Narcís Puget Viñas (1874 1960) y de 29 acuarelas y otros tantos dibujos en papel y carboncillo del donante, don Narcís Puget Riquer (1916 -1983).
El largo camino recorrido llega a su fin. Los aficionados al arte y a la Eivissa tradicional que los Puget pintaron están de enhorabuena.
El director del Museu Arqueològic explica en el catálogo editado con motivo de la exposición del legado en la Llonja de Palma que el inmueble que acogerá el Museo Puget es el edificio de Can Llaudis, «conocido también como Can Comasema por el apellido del marido de la última Llaudis en línea directa».
Se trata «de un edificio de estilo gótico tardío de los siglos XV-XVI, aunque ha sufrido numerosas modificaciones y reformas desde su construcción. Recientemente ha sido restaurado y remodelado para albergar en su interior, con todas las garantías de conservación y seguridad, la muestra pictórica de los pintores Puget, incluso adaptándolo arquitectónicamente para que puedan acceder a su visita personas discapacitadas», apunta Fernández.
El director del museo añade esta explicación de las obras donadas: «Los óleos de Puget Viñas, dentro de un estilo impresionista de gran colorido, recogen una Eivissa pretérita de temática costumbrista, con paisajes y escenas de la vida rural y cotidiana, donde reiteradamente está presente la figura de la mujer, así como las escenas de grupos en bailes, procesiones y paseos, sin que falten marinas y retratos de personajes». En cuanto a la obra del hijo, Fernández apunta que es muy diferente; con acuarelas, «dibujo de trazo nítido, de pincelada suelta y de colorido suave».