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Errores comunes en páginas de captación que están haciendo perder ventas a pymes, y cómo solucionarlos

La captación suele mejorar mediante la senicillez de los mensajes y la claridad

Cuando alguien deja sus datos, hace un acto de confianza, y si la página no transmite que hay un equipo real al otro lado, el visitante cierra la pestaña | Foto: Pexels

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A veces la frustración llega cuando la campaña funciona, hay clics, incluso llegan visitas desde redes o Google… pero el formulario se queda casi vacío. En muchas pymes no es un problema de «falta de interés», sino de detalles que frenan justo en el último metro. La buena noticia es que una página de captación suele mejorar a través de claridad en el mensaje, menos distracciones y un camino más sencillo para que la gente deje sus datos con confianza.

Mensaje poco claro y propuesta de valor débil

Piensa en la primera pantalla que ve alguien al entrar. Si lo primero que aparece es «soluciones innovadoras» o «servicio de calidad», es fácil que el visitante siga de largo, porque no termina de entender qué se ofrece ni qué gana con ello. En cambio, cuando una pyme aterriza el mensaje a algo reconocible, la página empieza a trabajar a favor.

Una forma sencilla de afinarlo es escribir el titular como lo diría un cliente satisfecho. «Me ayudaron a conseguir X», «encontré Y sin complicarme», «me dieron una propuesta clara en dos días». Y si hay un matiz importante (zona, especialidad, tipo de cliente), mejor ponerlo pronto que esconderlo al final.

A partir de ahí, la estructura ayuda a mantener el hilo a través de un titular que diga lo esencial, tres o cuatro puntos que expliquen el valor y una llamada a la acción visible. En ese proceso, muchas pymes se apoyan en fórmulas ya probadas para crear landing page efectiva, con secciones pensadas para presentar beneficios con orden, añadir prueba social y guiar al lector sin que tenga que «adivinar» qué hacer.

Demasiadas distracciones y ruido visual

Hay páginas que, sin querer, se parecen más a un escaparate lleno de cosas que a un recorrido sencillo. Menús con diez apartados, enlaces por todas partes, botones que compiten entre sí, un carrusel que cambia antes de que te dé tiempo a leer… Nada de esto es un pecado, pero sí es un freno cuando el objetivo es que la persona deje sus datos o pida información.

Al crear una página de captación, conviene preguntarse: ¿qué acción queremos que complete alguien que llega por primera vez?

Aquí conviene preguntarse: ¿qué acción queremos que complete alguien que llega por primera vez? Si la respuesta es «solicitar presupuesto», «reservar cita» o «pedir una llamada», todo lo demás debería apoyar ese gesto y no competir con él. Por eso suele funcionar un menú mínimo (o incluso sin menú), enlaces secundarios en el pie y una llamada a la acción que se repite de forma discreta en los puntos clave.

El texto también puede generar ruido, por lo que cuando una página intenta contarlo todo, acaba no contando nada. Si el lector se encuentra con párrafos largos, tecnicismos o un discurso demasiado corporativo, se cansa, así que es mejor escribir como si estuvieras explicándolo con frases claras, beneficios en viñetas y ejemplos concretos. Si ofreces reformas, menciona plazos y tipos de obra; si vendes formación, habla de horarios y resultados esperables.

Formularios largos y fricción innecesaria

Este es un clásico: se pide demasiada información demasiado pronto. Nombre, apellidos, empresa, cargo, presupuesto, mensaje detallado, cómo nos conociste, ciudad… y, cuando acabas de leer, ya te da pereza empezar; en móvil, además, esa pereza se multiplica. La intención suele ser buena (filtrar, preparar la llamada, ahorrar tiempo), pero el efecto es que menos personas completan el formulario.

La solución pasa por priorizar. ¿Qué es imprescindible para empezar una conversación? En muchos casos, basta con un nombre y un dato de contacto, y el resto puede venir en un segundo paso, en un correo automático o en la primera llamada; si realmente necesitas clasificar, un desplegable breve («tipo de servicio», «urgencia», «zona») reduce fricción sin perder información útil.

Y luego está el tono, porque un botón que diga «Enviar» es neutro y no aporta contexto. Cambiarlo por algo que describa la acción («Quiero una propuesta», «Solicitar diagnóstico», «Pedir cita») suele mejorar la sensación de control. También ayuda explicar lo básico: si pides teléfono, aclara para qué; si prometes responder, di cuándo.

Falta de confianza y señales débiles

Cuando alguien deja sus datos, hace un acto de confianza, y si la página no transmite que hay un equipo real al otro lado, el visitante cierra la pestaña y ya está. Esto se nota mucho en negocios locales y servicios profesionales, donde la gente quiere saber con quién está hablando antes de dar el paso.

Lo que pasa es que no hace falta llenar la página de medallas; es suficiente con testimonios cortos con contexto (sector, zona o tipo de servicio), reseñas, un par de casos reales o cifras moderadas pero verificables («más de 120 instalaciones el año pasado»). Si todavía no tienes mucho material, puedes reforzar la confianza con tiempos de respuesta, qué incluye el primer contacto o cómo tratas los datos personales, explicado en lenguaje normal.

Por otro lado, un email corporativo, un teléfono visible, datos de empresa en el pie, fotos reales del equipo o del trabajo son señales pequeñas que hacen que la página parezca seria y cercana.

Falta de medición y de pequeños ajustes continuos

Hay páginas que se publican y se quedan «tal cual» durante meses, y cuando baja el rendimiento, se culpa a la temporada, a las redes o al precio. A veces influye, claro, pero sin medir, es difícil saber si el anuncio trae visitas poco cualificadas, si el mensaje no encaja, si el formulario intimida o si la página carga lenta.

Medir no tiene por qué ser un lío, y tres preguntas suelen dar mucha luz: ¿de dónde llega el tráfico?, ¿qué porcentaje convierte?, ¿y qué calidad tienen esos contactos? Con eso ya puedes decidir mejoras concretas, porque a lo mejor el problema no es el texto, sino que la promesa del anuncio no coincide con lo que ve el usuario al aterrizar. O quizá el formulario está bien, pero la página tarda demasiado en cargar y la mitad se va antes de verla.

Lo más útil es tratar la página como un activo vivo y probar cambios pequeños (un titular, una imagen, el orden de los beneficios) para observar resultados durante unos días. Y, sobre todo, escuchar al cliente, porque si en llamadas o mensajes siempre preguntan lo mismo, esa pregunta merece un sitio visible en la página.

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