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La formación de un empresario

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Llevo muchos años, viendo cuentas de explotación, balances, planes de negocio, de viabilidad, planes estratégicos y »planes de los planes», porque en este país hacemos planes de todo, lo cual no significa paradójicamente que en ellos esté todo lo necesario para hacer que la empresa vaya en una buena dirección. Hacemos planes para crecer, para consolidarnos, para expandirnos y todos esos planes salen de la mente (=estudios+experiencia) de los empresarios o de sus equipos de trabajo, lo cual cuando eres una pequeña empresa es más complicado, porque el empresario es el hombre orquesta al mismo tiempo. En cualquier caso los planes o iniciativas de cualquier índole salen de esa mente, a la cual no la entrenamos como deberíamos hacer, ya que volviendo a las primeras líneas de este artículo, en los presupuestos anuales suelo ver con frecuencia acciones de formación para los empleados, pero no para el CEO, como si este estuviera tocado por alguna «varita» mágica que le otorga sabiduría continua.

¿Qué cuanto se tiene que formar un empresario? Probablemente desde que es un emprendedor hasta que eche el cierre de su último proyecto empresarial. Pero si está formación no está dotada y prevista en la cuenta de explotación, quizás nunca se haga, porque esa inversión en uno mismo no la hemos tenido en cuenta y «gratis» no lo es. Las maneras de formarnos son diversas hoy en día, está la formación reglada que por cuestión de tiempo, la mayoría de empresarios les cuesta poder adaptarla a sus horarios, ya que son incompatibles con sus muchas de sus funciones y la no reglada que puede amoldarse más a nuestro tiempo disponible, pero que muchas veces se percibe como un gasto y no una inversión.

El acudir a networking o encuentros empresariales en dónde haya ponencias interesantes, es una buena forma de ir adquiriendo más conocimientos, el hábito de la lectura diaria de los periódicos locales, nacionales, extranjeros y económicos es otra fuente de cultura y la contratación de profesionales que nos ayuden a mejorar cualidades que tenemos atascadas podría completar el círculo. Si para ello debemos destinar un % de nuestra cuenta de explotación será una buena idea, si destinamos un tiempo para ello en nuestras agendas, haremos más fácil estos procesos.

Hoy en día una buena parte de la sociedad sabe de la importancia de mantener o mejorar nuestro estado físico, para rendir más y mejor en nuestras actividades y para ello vamos al gym o contratamos entrenadores personales para agilizar esos procesos, sin embargo el entrenamiento de nuestro cerebro se queda al margen, cuando va a ser el responsable de nuestras decisiones del día a día o de las más complicadas. La cultura no va reñida con el mundo de los negocios sino todo lo contrario, seguro que se nos viene a la mente gente que hemos conocido, que su cerebro brilla por su ausencia y ganan dinero, pero eso muchas veces es sólo coyuntural y no es una fórmula para fiarse demasiado en ello.
Sólo me queda por decir que en el Mundo de los Negocios si quieres un amigo, búscate uno culto, porque de los otros ya hay demasiados. En economía hay que ser más serio aunque duela.

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