El conflicto de Irán se está extendiendo por el sistema circulatorio mundial y amenaza la salud económica global. La propagación de esta enfermedad es conocida: incremento de los precios energéticos, aumento de los costes de producción, inflación de primera y segunda ronda, tipos de interés al alza y, para el bolsillo del hipotecado, cuotas mensuales al alza. El primer síntoma es el encarecimiento del petróleo y el gas. Irán se encuentra en una de las zonas energéticas más sensibles del planeta y muy cerca del Estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente un 20% del comercio marítimo mundial de petróleo y gas natural licuado.
El riesgo de interrupción del suministro físico provoca un incremento del precio energético, con un barril Brent rozando los 100 dólares y un encarecimiento de cerca del 45% del gas en lo que llevamos de guerra. Tras esta fiebre energética, el mal se traslada a los precios de los bienes y servicios que compramos. El precio del petróleo incrementa el coste del transporte y el gas licuado empeora la factura de gas y electricidad. Si la inestabilidad se mantiene en el tiempo, aparece la inflación de segunda ronda: suben los precios y los asalariados exigen subidas para hacer frente a ello, retroalimentando la senda inflacionaria.
FUNCAS toma como escenario central que la guerra dure tres meses. Bajo esta hipótesis, el IPC se elevaría hasta un 3% en verano, para retroceder hasta el 2,5% a finales de 2026. El consumo se contraería, el turismo podría verse afectado (si bien seguiríamos siendo un destino «seguro» atractivo) y la inversión se postergaría, restando hasta 2 décimas del crecimiento del PIB. Llegado a este punto, el Banco Central Europeo (BCE) se vería forzado a tomar una decisión: aumentar sus tipos de interés oficiales para intentar combatir la inflación de segunda ronda.
Un remedio que para muchos es peor que la enfermedad: la subida del coste de financiación la pagan las empresas y ciudadanos, contrayendo aún más una economía debilitada. La estanflación, situación en que una economía apenas crece y sufre inflación, amenaza al paciente. La facilidad de depósitos del BCE podría pasar del 2% actual 2,25% o, en un escenario peor al esperado, hasta un 2,50% a finales de año. En todo caso, de momento los responsables del BCE se mantiene prudentes y a la espera de acontecimientos.
Sea cual sea la política monetaria futura, el mercado de tipos de interés privado ya está reaccionando: el valor del Euríbor diario ya supera el 2,3% y subiendo. No puede descartarse que el Euríbor vuelva a acercarse al 3% si el shock energético se prolonga. En dicha situación, los hipotecados a interés variable de Illes Balears acabarían pagando unos 125€ más al mes. La factura hipotecaria anual media de la guerra en Irán sería de casi 1.500€ anuales, por hipoteca balear.
Los hipotecados a tipo fijo, el 63,4% de los nuevos endeudados según los últimos datos del INE, no sufrirán las consecuencias financieras, pero sí el encarecimiento generalizado de precios. La prudencia tiene su recompensa, en tiempos turbulentos. La guerra entre Israel, EE.UU. e Irán puede parecer una noticia lejana, pero para muchas familias baleares se antoja la noticia de economía doméstica más importante del año.