Los desastres naturales de cada vez se intensifican más a causa del cambio climático, la cual cosa pueden representar amenazas significativas para el turismo global al aumentar la percepción del riesgo y reducir la llegada de turistas. Por ello, Léopold Biardeau de la Universidad de la Polinesia Francesa; Mondher Sahli de la Universidad Victoria de Wellington de Nueva Zelanda; Jaume Rosselló y Maria Santana-Gallego de la Universitat de les Illes Balears han elaborado el artículo ‘Natural disasters and global tourism flows: Intensity, vulnerability and moderating factors’, que forma parte del número especial ‘Quantitative Tourism Research’ publicado en Tourism Management.
Diversos estudios previos han examinado los impactos de los desastres naturales mediante estudios de caso específicos de cada país, no obstante, como bien recalca el artículo «se han pasado por alto dimensiones importantes como la intensidad de los desastres, los niveles de desarrollo de los destinos y las diferencias de vulnerabilidad entre países. Este estudio aborda estas deficiencias integrando un modelo de gravedad estructural de la demanda turística internacional con un análisis de regresión binned que clasifica los desastres según su gravedad». Rosselló explica que «el artículo surgió porque nosotros ya tenemos un estudio anterior similar, pero nuestros dos coautores también hicieron una cosa parecida, pero habían utilizado una metodología diferente, entonces les preguntamos de unir las dos metodologías para ver qué pasaba y este es el resultado de esta unión». A lo que Santana-Gallego añade que «la idea vino de Sahli, puesto que nosotros ya tenemos un estudio anterior sobre modelizar el impacto de los desastres naturales y ellos tenían una metodología para clasificarlo».
Los cuatro autores estuvieron dos años elaborando el artículo, desde que se inició hasta que se publicó, «fue un proceso rápido puesto que nuestros estudios son de fuentes secundarias de datos, concretamente de la base de datos Natural Disaster Data, que recopila cuantos desastres naturales ha habido, en qué países y el número de muertos o afectados, y los daños», argumenta Santana-Gallego. En el estudio se explica que en el sector turístico, los desastres naturales suelen provocar fuertes caídas en el turismo receptivo, ya que perciben que hay un riesgo mayor, cosa que lleva a los turistas a cancelar sus viajes o a optar por destinos más seguros, lo que genera pérdidas económicas considerables. Por lo que, los autores hicieron una clasificación de los desastres y los definen en baja, media y alta intensidad en función de la población afectada y las tasas de mortalidad.
Santana-Gallego explica que «nosotros en el trabajo nos decantamos por la distribución con el menor número de rangos. Entonces, se clasifica en cuántos ha habido en todo el año y luego se crean umbrales para clasificarlos. De este modo, se ordena en cuántos desastres naturales ha habido de intensidad alta, media o baja. Es decir, lo clasifica por intensidad y no por número de muertos». Rosselló lo ejemplifica con que «este año ha habido muchas borrascas seguidas pues no acaban afectando. En cambio, un año que ha habido una borrasca, como lo fue la dana de Valencia, es un evento muy importante. Lo relevante es cuando hay una cosa grave, mientras que cuando hay una cosa que no lo es tanto, no afecta. Esta es la gran novedad del trabajo».
Otro aspecto que analiza la investigación es la diferencia de ingresos, puesto que determinan la gravedad de las perturbaciones en la oferta de los destinos como la elasticidad de la demanda turística en los mercados de origen. Aquellos desastres que suceden en destinos desarrollados tienden a atraer una cobertura mediática mayor, pero al mismo tiempo disponen de una capacidad institucional y de mecanismos de gestión de crisis más sólidos, la cual cosa favorecen una recuperación mucho más rápida. Aunque, las crisis que perturban la llegada de turistas, dañan la reputación o debilitan las infraestructuras pueden generar pérdidas económicas inmediatas y considerables, especialmente en destinos que dependen en gran medida de los ingresos del turismo. Santana-Gallego explica que «cuando los desastres suceden en países desarrollados el impacto es mucho más bajo porque también tienen muchos mecanismos de reacción». A lo que Rosselló añade que «el nivel de desarrollo del país es muy importante para el turista a la hora de decidir. Por ejemplo, si vas a Japón y el mes pasado ha habido un terremoto, pues no pasa nada, pero si te vas a un país del Caribe y ha habido un terremoto y se ha visto afectado el aeropuerto pues ahí ya dudas de si ir o no».
Aunque, en ocasiones se ha dado el caso de que un país poco desarrollado se haya recuperado mucho más rápido y esto se debe a la desviación del turismo o por la ayuda que recibe dicho territorio. También puede haber un vinculo cultural, «cuanto más cerca y más culturalmente cercano estés afecta menos a los turistas. Si te vas lejos, no hablas el idioma y además es una cultura diferente, más te asustas», expone Rosselló.
Ambos autores defienden que, de momento, el cambio climático no está afectando a los turista que llegan a Balears, ya que «no se ha dado un acontecimiento climático extremo, solo olas de calor de corta frecuencia y a nuestro turista de sol y playa esto no les molesta. Aunque últimamente está habiendo muchas tormentas seguidas y de alta intensidad y esto si que podría llegar a afectar al turismo de las Islas. El turista ya decide según el clima que encontrará», sentencia Rosselló. Mientras que Santana-Gallego recalca que «si en Balears hubiera un huracán, un terremoto o algún otro desastre natural de este calibre, según nuestros resultados, las Islas se recuperarían rápido porque están desarrolladas y seguirían viniendo turista de cercanía». Ahora, el siguiente paso de ambos investigadores es trabajar con datos a nivel región y de ciudad para poder estudiar cómo se recuperan las localidades de forma más concreta.