Una vez más la geopolítica nos mete el miedo en el cuerpo. Lo que se intuía cómo una temporada previsible, pacífica y razonablemente positiva, ha perdido su carácter previsible y pacífico. Ahora tenemos un conflicto en el «lejano» Oriente próximo, de armas tomar. Estamos pendientes de múltiples especulaciones, algunas más elaboradas que otras, sobre multitud de parámetros: las existencias de queroseno, el precio del petróleo, la apertura del Estrecho de Ormuz, las minas inteligentes que lo infestan, las lanzaderas operativas de cohetes de los iraníes, de los misiles que les quedan, de su capacidad de producción, de si manda la Guardia Revolucionaria, de lo que hará el Zar ruso, o el emperador mandarín. No nos aburrimos, ni nos aburriremos.
Sin embargo, mientras los rooming lists no decaigan, y las cancelaciones no proliferen más allá de lo normal, la tranquilidad preside las expectativas de nuestro sector de alojamiento. Por este lado, todo normal, por lo tanto, bien. Sin embargo, todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, y eso tiene al personal expectante. También podemos celebrar positivamente la actuación de las autoridades locales, Consell y Ayuntamientos en la ciclópea tarea de mantener a raya la oferta ilegal, en todos los sectores. Lo he escrito antes y no me cansaré, es de las cuestiones más relevantes que se han enfrentado en las Pitiüses en los tiempos recientes. Tarea ingrata dónde las haya, se percibe una regularidad, perseverancia y profundización en la tarea que debería hacer pensar a quienes se dedican a este mercado. Hay muchas posibilidades de acabar con un expediente sancionador, que son de todo menos inocuos. Enhorabuena a quienes llevan adelante esta tarea.
Hay otra tarea, por si faltaban, que todavía no se enfrenta con suficiente determinación: la lucha contra el gas de la risa. El único gas no afectado por el bloqueo de Ormuz. Ciertas calificaciones legales y usos admitidos de esta sustancia, la protegen contra intervenciones más incisivas de la autoridad competente. Ni siquiera es un positivo en un control antidopaje en el fútbol profesional, según hemos podido leer. Pero es una sustancia, que junto a otras, produce un tráfico ilegal en numerosas calles, próximas o no, a locales de ocio, dando muy mala imagen, produciendo o ampliando los efectos de otras intoxicaciones. Merece la pena ser más incisivos en este asunto.