La política turística tiene, como tantas otras cuestiones, un componente ideológico importante que no debe ser minusvalorado. Desarrollar una eficiente política turística no consiste en contentar a los empresarios del sector, ni en favorecer sus intereses más allá de la lógica. Hay que velar siempre por los intereses de la mayoría, de la comunidad. En definitiva, trabajar por el bien común. Y, evidentemente, la política turística no debe servir, en ningún caso, para incrementar las trabas administrativas o los requisitos burocráticos hasta el infinito. La política turística en Balears requiere, como tantas otras cosas, de sentido común, que ya saben ustedes que es el menos común de los sentidos.
Pensaba ahora en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) y el inmenso despropósito que supone desde hace años la coexistencia de un estand de Balears y otro, perfectamente diferenciado, de Eivissa. Ah, y está también el pequeño estand de Alaior. ¿Es tan complicado contar con un único estand con espacios propios para cada isla? Promocionar Balears no tiene sentido, puesto que los turistas no conocen Balears, sino Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera. También es claro que acudir a Fitur por separado es absurdo. Parece sencillo, es de una lógica aplastante, pero...
Las envidias, inquinas, recelos y desconfianzas prolongan año tras año el sin sentido. La solución debería ser fácil, más aún cuando gobierna el mismo color político en todas las islas, pero, desgraciadamente, no es así. Ah, por cierto, llegado el momento de repartir culpas o aciertos es más que evidente que debe considerarse, en primer lugar, las competencias de cada una de las administraciones. Uno de los grandes retos turísticos de Balears es acabar con el alquiler vacacional ilegal. Y esta competencia es de los consells, que es cierto que han dado importantes pasos para conseguir minimizar el problema. Acabar con el alquiler vacacional ilegal no es tarea sencilla y, pese a las iniciativas adoptadas, es evidente que queda mucho trabajo por hacer.
En esta legislatura, Josep Aloy abandonó la Direcció General de Turisme y fue reemplazado por Miquel Rosselló; Marcial Rodríguez dejó la Conselleria de Turisme del Consell de Mallorca y Guillem Ginard fue el escogido por Llorenç Galmés para ocupar el cargo. Además, como se sabe, Marco Táboas, que reemplazó a Susanna Sciacovelli en febrero de 2025 como director insular de Turisme per a la Demanda i l’Hospitalitat, ha sido ahora sustituido por Tommy Ferragut. Seguro que cada nuevo cargo intenta ofrecer su mejor versión, dejar su impronta.
El Govern de Marga Prohens impulsó poco tiempo después de que se iniciara la legislatura el Pacte Social i Polític per la Sostenibilitat Econòmica, Social i Ambiental de les Illes Balears. La primera fase acabó y la presidenta, en persona, anunció que se habían recogido 544 propuestas por parte de las diferentes entidades participantes (algunas decidieron abandonar a medio camino). La decepción no tardó en llegar, puesto que el Govern, por alguna extraña razón, mantiene en el más hondo y oscuro de los cajones las propuestas recibidas. El Ejecutivo dice que son reales, que existen, que no son un invento, pero no las publica. Catalina Cabrer, consellera de Treball, Funció Pública i Diàleg Social, calla. No es prudencia. Es falta de transparencia.