David Torres y Nina Gross llevaban tiempo dándole vueltas. Asturias, Galicia... Miraban lugares, hacían números y trataban de imaginar cómo sería empezar una nueva vida lejos de Ibiza. La decisión no llegó de un día para otro, pero sí hubo un detonante que terminó inclinando la balanza: encontrar una vivienda donde pudieran reunir a su familia.
Los dos son ibicencos —él de Jesús y ella, nacida en Sant Llorenç— y entre ambos forman una familia de seis personas, con cuatro hijos de entre 10 y 19 años. Cuando empezaron a plantearse vivir juntos, la primera opción fue, naturalmente, quedarse en la isla. Pero la búsqueda de una casa que pudiera acogerles terminó convirtiéndose en una tarea prácticamente imposible.
«Cuando nos planteamos la posibilidad de vivir juntos, la primera opción fue buscar una vivienda aquí», explica Nina. «Luego, al ver cómo estaba y lo imposible que era en Ibiza, dijimos: pues nos vamos a otro sitio y vamos a vivir igual de bien o mejor».
El precio no era el único problema. También lo era encontrar una vivienda disponible con las dimensiones necesarias para una familia de seis personas. «Juntar dos familias de seis personas tampoco es fácil. Buscar una vivienda para seis en Ibiza es muy complicado», señala David. En la isla, una vivienda de cuatro o cinco habitaciones puede alcanzar los 3.000 o 4.000 euros mensuales, según sus características, y ni siquiera pagando esas cantidades resulta sencillo encontrarla.
La diferencia con su nueva vida en Galicia resulta difícil de ignorar. En Currelos pagan 350 euros de alquiler por su vivienda. «Yo tengo mi piso allí en Ibiza, que he alquilado por un precio con el que podríamos vivir aquí», explica David. La comparación, inevitable, provoca incluso una carcajada cuando recuerdan las diferencias entre ambos mercados.
Pero la vivienda fue solo una parte de la ecuación. También pesó la transformación que, a su juicio, ha experimentado Ibiza en las últimas décadas. Ambos han crecido en la isla y han vivido de primera mano ese cambio.
«Principalmente, por el nivel de vida que hay ahora mismo en Ibiza y por la cantidad gente que está viniendo. Nosotros hemos nacido allí y hemos visto el cambio», explica David. «Hemos pasado de ser niños que jugábamos en la calle a que ahora esté todo tan saturado».
La masificación se hace especialmente evidente durante los meses de verano. Las playas, los restaurantes, los desplazamientos y hasta los pequeños planes cotidianos se han convertido, según su experiencia, en una sucesión de reservas y esperas. «Está todo lleno de gente, ni si quiera puedes ir a a tu restaurante favorito porque tienes que pedir cita un mes antes. Vivir aquí ya no es como era antes», lamenta.
Nina coincide: «Las circunstancias creadas nos han empujado un poco». Y David lo resume de una manera especialmente gráfica: «Yo siempre he sido de los que han dicho que como en Ibiza no se está en ningún lado, pero ahora ya ha llegado un punto en el que no se puede estar».
Oportunidad
La idea inicial era esperar hasta junio, cuando los niños hubieran terminado el curso escolar. Durante las Navidades viajaron a Galicia para conocer algunos de los lugares que ya estaban valorando. Pero entonces apareció una oportunidad que no quisieron dejar escapar.
A finales de marzo, concretamente el día 20, hicieron las maletas y se instalaron en Currelos, un pequeño núcleo de O Saviñao, en plena Ribeira Sacra. El menor de sus hijos, de 10 años, se incorporó al colegio del pueblo durante el último trimestre. «En todo el colegio son solamente 24 niños», cuentan. Un colegio pequeño donde la integración resulta mucho más sencilla sin interrumpir el curso.
El traslado supuso, en cualquier caso, mucho más que cambiar de isla por un pueblo del interior de Galicia. También implicaba cambiar de profesión y apostar por un proyecto propio.
De Ibiza a Casa Benaxo
En Currelos se han hecho cargo de ‘Casa Benaxo’, un alojamiento rural que han querido orientar hacia un modelo alejado precisamente de la masificación que les llevó a abandonar Ibiza. No tenían una trayectoria previa en hostelería, pero sí la voluntad de construir algo suyo.
«Queríamos entre los dos buscar algo que fuera nuestro, un trabajo nuestro, que no fuera trabajar para alguien», explica Nina. David, además, ya contaba con una actividad profesional que podía desarrollarse online y que facilitaba la posibilidad de trasladarse.
En Casa Benaxo han apostado por un modelo familiar y por un trato cercano con los huéspedes. Han establecido acuerdos con bodegas de la zona y ofrecen a sus clientes visitas, catas y rutas por el río, incluyendo desplazamientos para que puedan disfrutar de las actividades sin preocuparse por el coche.
«Hemos enfocado todo un poquito más familiar, buscando cosas que hemos visto en Ibiza y que nos han gustado, pero centrándolo en un trato personal», explican. La intención es que el alojamiento sea también una puerta de entrada al territorio y una forma de ayudar a los visitantes a descubrirlo.
La llegada de la pareja también ha tenido un efecto sobre el propio pueblo. Currelos, como tantos pequeños núcleos rurales gallegos, ha sufrido durante los últimos años la pérdida de población y actividad. Ahora, una casa rural vuelve a tener movimiento.
«La gente nos ha recibido con los brazos abiertos. Son muy buena gente, intentan ayudar y están muy pendientes», cuenta David. «El hecho de que haya una tienda aquí y que haya gente que se mueva por el pueblo también les hace ilusión, porque ellos también echan en falta eso».
«La Ibiza de antes»
Hay algo que les ha sorprendido especialmente en su nueva vida: la relación entre los vecinos. Las puertas abiertas, la ayuda entre unos y otros, la conversación espontánea y esa sensación de comunidad que ellos recuerdan de su infancia en Ibiza.
«Aquí la gente colabora mucho entre vecinos», explican. «Recuerda un poco a la Ibiza de antes».
Incluso han descubierto casas y pueblos donde las puertas permanecen abiertas, una imagen que para ellos pertenece cada vez más al recuerdo de la isla donde crecieron.
Por eso, cuando se les pregunta si sienten que Ibiza les ha expulsado, hacen una distinción. No es la isla. «Ibiza es nuestra home», aclaran. Lo que les ha empujado a marcharse son las circunstancias que se han generado alrededor de ella.
«Es una pena haber tenido que salir de Ibiza, pero también una alegría seguir progresando», resumen.
Y hay una última ironía en esta historia. Sus primeros clientes en Casa Benaxo fueron precisamente ibicencos. Algunos eran conocidos suyos. Uno de esos visitantes quedó tan encantado con el entorno que terminó comprándose una casa en la zona.
Ibizastán cada año esta peor Han hecho bien