Dejémonos de eufemismos como el de «beneficios empresariales» que queda muy bien, pero al final si una empresa no gana dinero, no se puede permitir contratar trabajadores, mejorar sus condiciones laborales, comprar a proveedores locales generar riqueza o hacer nuevas inversiones para ampliar su negocio, logrando más capacidad de aumentar plantillas.
Entonces porqué está tan mal visto, hablar de ganar dinero. Es evidente que NO es el único objetivo de una empresa, hoy en día sabemos que apostar por una buena política de RRHH con captación de talento, abordar la innovación, respetar el medio ambiente, colaborar con acciones solidarias, incrementar el gasto en compras a proveedores locales y tener diseñada una estrategia de expansión para crecer y así aguantar mejor los momentos de crisis, teniendo más músculo financiero, son objetivos irrenunciables para un empresario.
Son mantras, que en un momento dado se han consolidado, pero que entiendo son perjudiciales para provocar un aumento en la «vocación» del emprendedor, en unos momentos en dónde nos dicen muchos estudios que la mayoría de nuestros jóvenes aspiran a opositar, que no ven claro el emprendimiento, que ven demasiados inconvenientes y peligros en aventurarse y esto le puede a los beneficios que puedan lograr, ya que no tienen claro cuáles pueden ser.
También hay otros «mantras» como el de «si trabajas duro y haces muchas horas, conseguirás tus objetivos» que tampoco se adecuan a estos tiempos, el trabajar duro no te hace conseguir el éxito, sino va acompañado de un buen proyecto, con un valor añadido consistente y esto no se consigue con horas, sino con talento y mucha preparación. Otro de esos mantras sin duda es aquel de «yo monto un negocio para vivir», eso equivale a morir, porque un negocio se monta para crecer, para pasar de ser un emprendedor a conseguir ser un empresario, crecer como persona, como profesional, porque si te quedas abajo en el escalafón, en la primera crisis, tienes todas las papeletas para quedarte fuera y cerrar.
Si a esto le añadimos la ola de IA que nos invade, las incertidumbres económicas debido a la geopolítica, ¿cómo incentivamos a nuestros futuros empresarios? Hubo un tiempo no muy lejano, que el emprendedor lograba sus sueños, véase, comprar su casa, un coche aceptable, podía formar una familia con garantías de llevar una vida digna. Dirán algunos que eran otros tiempos o quizás sencillamente había otra dinámica y el emprendedor era alguien muy bien visto por la sociedad y apoyado, eso es como en ciclismo, llevar el maillot amarillo, te da alas.
No nos engañemos, el emprendedor tiene que tener hambre, ganas de superación, objetivos claros y hay que decirle sin rodeos, que si en su negocio no gana dinero, no habrá futuro y si gana no tiene que esconderse de nada, al revés debe convertirse en un referente, para que muchos otros puedan pensar que si él lo ha logrado ¿ porque yo no? Desde la humildad pero con contundencia, sin complejos, con ética y profesionalidad, pero teniendo el foco bien puesto.
Ganar dinero no es malo para un emprendedor, es una magnífica noticia, no la demonicemos.
En economía hay que ser más serio, aunque duela.