Conseguir un empleo sigue siendo la puerta de entrada a la autonomía económica, la integración social y la construcción de un proyecto de vida. Sin embargo, no todos parten desde la misma línea de salida. Mientras algunas empresas alertan de la dificultad para encontrar trabajadores, miles de personas continúan encontrando obstáculos para acceder al mercado laboral. En ese espacio intermedio operan las empresas de inserción, un sector que ha situado al menorquín Antoni Aguiló Taltavull al frente de FAEDEI, la federación que representa a las empresas de inserción de España y que trabaja para convertir segundas oportunidades en empleos estables.
FAEDEI.
La Federación de Asociaciones Empresariales de Empresas de Inserción nació a finales de 2007 con la vocación de convertirse en la representante estatal de este sector. Hoy agrupa a quince asociaciones territoriales distribuidas por todo el país, entre ellas la Asociación de Empresas Balears de Inserción, Aibei, representada precisamente por Aguiló en la nueva presidencia de la federación. La propia FAEDEI define las empresas de inserción como iniciativas económicas de carácter no lucrativo que desarrollan una actividad empresarial, pero cuyo fin social es facilitar la inserción sociolaboral de personas en situación o riesgo de exclusión mediante itinerarios personalizados que sirven de tránsito hacia el empleo ordinario. La clave está en entender que no se trata de programas asistenciales al margen de la economía, sino de empresas que producen, venden, contratan, forman y compiten en el mercado.
Su singularidad radica en que incorporan a personas con especiales dificultades de acceso al empleo y las acompañan durante un proceso que combina trabajo remunerado, formación en el puesto, orientación, tutoría y adquisición de hábitos laborales. La Ley 44/2007 ya recogía que estos itinerarios deben aplicarse en coordinación con los servicios sociales públicos y los servicios públicos de empleo, con el objetivo final de promover la integración en el mercado laboral ordinario.
DIMENSIÓN.
Esta dimensión empresarial explica que FAEDEI haya ido ganando peso como interlocutor del sector ante administraciones, agentes económicos y entidades sociales. «Nuestro trabajo se mueve en varios planos. Por un lado, contribuir al crecimiento y consolidación de las asociaciones territoriales y de las empresas de inserción. Por otro, elaborar informes, memorias de impacto social y económico, estudios sobre contratación reservada, guías de acompañamiento y documentación útil para profesionalizar la actividad», explica el nuevo presidente. «La entidad también ha impulsado herramientas para facilitar que empresas, administraciones o particulares puedan contratar servicios prestados por empresas de inserción, como, por ejemplo, Páginas FAEDEI, una guía para localizar empresas por actividad y territorio», añade.
DATOS.
Los datos ayudan a dimensionar un sector que todavía es poco conocido para una parte importante de la sociedad. Según la infografía de impacto social y económico de 2024 publicada por FAEDEI, en España existen 307 empresas de inserción, de las cuales 283 participaron en el balance anual. En conjunto, emplearon a 13.183 personas, de las que 8.083 eran personas trabajadoras en proceso de inserción. El 61 por ciento de quienes finalizaron su itinerario se incorporaron al mercado laboral ordinario, principalmente por cuenta ajena, aunque también hubo casos de autoempleo o de incorporación a la plantilla estable de las propias empresas de inserción.
La lectura económica tampoco es menor. Las empresas de inserción facturaron 261,7 millones de euros por la venta de productos y servicios en 2024, dentro de unos ingresos totales que alcanzaron los 335,9 millones. La mayor parte de su actividad se concentra en el sector servicios, aunque también están presentes en agricultura, ganadería, pesca, construcción e industria. El balance recoge además un retorno económico a las administraciones públicas de 14,7 millones de euros en concepto de impuestos y un retorno social estimado de 9.266 euros por cada puesto de inserción a jornada completa.
BENEFICIO ECONÓMICO.
Estas cifras explican por qué el sector insiste en que la inserción laboral no debe contemplarse únicamente desde la sensibilidad social. Tiene también una traducción económica directa. «Cada persona que completa un itinerario y accede a un empleo, reduce su dependencia de ayudas, mejora su autonomía, cotiza, consume, aporta talento y recupera un lugar activo dentro de la sociedad», expresa Antoni Aguiló. «De este modo la inclusión deja de ser entonces un coste para convertirse en una inversión colectiva», señala. Es quizás por eso que las empresas de inserción han ido ganando reconocimiento como instrumento de política activa de empleo, especialmente en un momento en que el mercado laboral combina cifras elevadas de ocupación con dificultades persistentes para determinados colectivos.
RETOS.
En este sentido, uno de primeros retos de la nueva etapa iniciada con Antoni Aguiló será consolidar el mapa territorial. «Todavía nos falta acabar de completar la implantación estatal de agrupaciones territoriales y brindar nuestro apoyo y asesoramiento para constituir nuevas asociaciones. Esta función es especialmente importante porque el sector no crece únicamente creando empresas, sino también generando estructuras capaces de acompañarlas, defender sus necesidades y facilitar su relación con las administraciones públicas», señala.
Así mismo, el pasado mes de mayo se aprobó la Ley Integral de Impulso a la Economía Social, una reivindicación histórica del sector para responder mejor a las necesidades de las personas más vulnerables y favorecer un clima adecuado para crear y mantener puestos de trabajo. En este sentido, FAEDEI ha hecho una labor de restitución de los derechos de las personas con problemas de inserción laboral al conseguir que con esta nueva legislación, se corrijan las deficiencias de la última reforma laboral cuyo texto, obvió muchos de estos temas. «Estamos satisfechos porque la ley ha conseguido el 95% de las demandas del sector, pero seguimos trabajando para que el reglamento ley lo haga efectivo en las empresas», detalla.
Otros objetivos que persiguen es hacer cumplir a las Administraciones Públicas la norma de contratación reservada para sacar a concurso público contrataciones específicas dirigidas a empresas de inserción y/o centros especiales de empleo de iniciativa social. Y un último reto es que las empresas de inserción estén exentas de las reglas de minimis para poder acceder a ayudas públicas.
RELACIONES EMPRESA.
FAEDEI también aspira a operar como nexo de encuentro entre la actividad empresarial y la cohesión social, entre la necesidad de producir y la obligación de integrar. «El éxito de una empresa de inserción no consiste en retener indefinidamente a las personas que acompaña, sino en preparar su tránsito hacia otros empleos», explica Aguiló. «Hace falta que más empresas conozcan este modelo, confíen en los perfiles formados y participen en una cadena de oportunidades que empieza en un contrato de inserción y puede terminar en un puesto estable en el mercado laboral convencional», añade. Hay, además, una dimensión humana difícil de resumir en una estadística.
«Detrás de cada itinerario hay una persona que intenta reconstruir una trayectoria laboral marcada por parones, precariedad, falta de formación, problemas administrativos, cargas familiares, pobreza o situaciones personales complejas», detalla. «El empleo no lo resuelve todo, pero ordena la vida. Permite levantarse con una obligación, adquirir rutinas, relacionarse con otros, sentirse útil, cobrar un salario y volver a imaginar el futuro con algo más de margen», señala. En tiempos en los que se habla mucho de talento, competitividad y productividad, las empresas de inserción recuerdan que una economía también se mide por su capacidad para no desperdiciar personas.