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Las Salinas de la Concepción afianzan su proyecto

Sal de Menorca afronta su tercera temporada abierta al público con un crecimiento de las visitas y una mayor proyección comercial de sus productos en el mercado local, nacional e internacional

Uno de los objetivos de las visita a Las Salinas de La Concepción es la sensibilización ambiental.

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Las Salinas de la Concepción de Fornells encaran su tercera temporada de producción de sal y de apertura de sus instalaciones al público después de haber superado la fase inicial de rehabilitación patrimonial. El proyecto, impulsado en 2022 por la familia Best con la voluntad de preservar un paisaje, recuperar un oficio y compartir con la sociedad menorquina un patrimonio que vuelve a estar vivo, empieza ahora a afianzarse en una etapa marcada por el crecimiento progresivo de las visitas, la proyección comercial de sus productos y el prestigioso galardón que acaban de recibir con el Premio Europeo de Patrimonio Europa Nostra 2026, en la categoría de Conservación y Adaptación a Nuevos Usos.

EVOLUCIÓN.

Fundadas en 1853, las Salinas de la Concepción permanecieron abandonadas durante décadas, pero desde hace tres años vuelven a estar activas tras un minucioso trabajo de rehabilitación. «Hemos dejado atrás la fase inicial y ahora estamos en un momento de adaptación a los ritmos que nos marcan el viento y el sol», explica su directora, Laura Ruiz. La frase resume bien el punto en el que se encuentra Sal de Menorca.

Hoy son las únicas salinas activas en la isla, pero la actividad diaria obliga ahora a gestionar una realidad mucho menos previsible que la de cualquier empresa convencional. En unas salinas de recogida artesanal, el calendario viene marcado por el viento, la humedad, el sol y la temperatura. La temporada suele ir de finales de mayo a septiembre, aunque siempre depende de las condiciones meteorológicas. «Trabajamos de forma manual y en constante equilibrio con lo que la naturaleza nos da», resume Ruiz. Los vientos secos favorecen la evaporación y una flor de sal más generosa, mientras que los húmedos reducen la cosecha de forma drástica. Las altas temperaturas de estos días, por ejemplo, están acelerando la producción de una manera vertiginosa.

PRODUCCIÓN.

En 2024 se extrajeron 11,5 toneladas de flor de sal, pero en 2025 la producción bajó hasta las 2,5 toneladas por una campaña especialmente húmeda y por la dificultad de disponer de personal suficiente durante todo el periodo de recolección. Además, se vieron afectados por la DANA que azotó Es Mercadal y una parte de los evaporadores quedó inutilizada. Este año, con tres salineros trabajando sobre el terreno, la producción ha empezado con mejores perspectivas y ya se han recogido dos toneladas de flor de sal y media tonelada de sal marina virgen.

La estrategia de Sal de Menorca nunca ha pasado por competir en volumen, sino por calidad, origen y diferenciación. «La flor de sal mantiene una elevada presencia de minerales como magnesio, potasio y calcio, y es especialmente apreciada en gastronomía porque potencia el sabor de los alimentos sin enmascararlos», destaca Ángela Expósito, responsable de marketing. Un estudio desarrollado junto a la Universidad de Granada les ha permitido identificar distintas calidades dentro de la propia flor de sal, abriendo la puerta a gamas más exclusivas y a pequeñas producciones seleccionadas. «Vamos a hacer una recolección inédita cuando suceda el eclipse en agosto, que irá numerada para una comercialización premium», añade Expósito.

En este sentido, el mercado ha empezado a responder a este tipo de oferta diferenciada. Menorca continúa siendo el principal destino de venta y el mercado nacional empieza a tener un peso importante, pero Sal de Menorca también ha empezado a circular fuera de la isla. La empresa cuenta con distribución en Suiza y empieza a estar presente en algunos restaurantes de París, Madrid o Eivissa. Además, a través de su tienda online, envían sus productos a distintos países europeos y también a Gran Bretaña y Canadá. «A través de la Cámara de Comercio tuvimos la posibilidad de participar en una misión inversa y estamos en conversaciones con dos importadores de Austria y Francia», explica la directora.

VISITAS.

La otra gran línea de crecimiento han sido las visitas. En 2024 pasaron por las salinas unas 1.300 personas. El año pasado fueron 3.200 y el objetivo para esta temporada es alcanzar los 5.000 visitantes. «Solo este mes de junio, las cifras se han más que doblado, pasando de las 300 visitas en 2025 a más de 900 este año», detalla Laura Ruiz. «Nuestro objetivo es sobre todo la sensibilización. Queremos que quien venga entienda cómo funciona una salina, pero también por qué es importante cuidar este ecosistema tan delicado y privilegiado que nos rodea», añade.

Los grupos son de un máximo de treinta personas y se ofrecen en castellano, catalán, inglés y francés para todo tipo de públicos, tanto locales como visitantes. El recorrido permite observar el trabajo de los salineros, seguir la circulación del agua, comprender la función de las balsas y descubrir un espacio donde conviven producción, biodiversidad y memoria. La experiencia se ha enriquecido además esta temporada con una dimensión artística inesperada. En agosto de 2025, el prestigioso fotógrafo Steve McCurry, autor de fotos icónicas que han sido portada de National Geographic, pasó una semana en las salinas para documentar el trabajo de producción y la relación entre el oficio salinero y el paisaje. Una selección de sus fotografías puede contemplarse durante la visita en un nuevo espacio creado dentro del recinto y que, a futuro, podría acoger otras actividades culturales. Además, se ha editado un libro que contiene las instantáneas del fotógrafo. «La mirada de McCurry nos ayuda a explicar la historia desde otro lugar», señala Ángela Expósito. «No se trata solo de mostrar cómo se produce la sal, sino de transmitir todo lo que hay detrás».

B CORP.

Una de las características de este proyecto es que está levantado sobre la base de una coherencia que va más allá de la producción de sal. La empresa Sal de Menorca cuenta con la certificación B Corp, un sello que no se limita medir al impacto ambiental, sino que también evalúa la gobernanza, la relación con los trabajadores, los proveedores y la comunidad. El uso de un packaging sin plástico, la colaboración con otras empresas comprometidas, la búsqueda de materiales cercanos o las intervenciones de mejora que se realizan cada invierno, forman parte de una misma manera de entender la mirada que proyecta esta empresa.

Esta filosofía necesita también una estructura capaz de sostener el día a día y por ello, Sal de Menorca cuenta actualmente con cinco puestos de trabajo permanentes durante todo el año que en temporada alta, se doblan entre salineros, guías y personal de obrador. En este contexto, el Premio Europeo de Patrimonio Europa Nostra 2026 ha llegado como un aval al trabajo realizado. El galardón, otorgado por la Comisión Europea y Europa Nostra el pasado mes de mayo, ha reconocido la recuperación de un paisaje productivo, de un sistema tradicional de circulación del agua y de un oficio que estuvo a punto de desaparecer en Menorca. El jurado destacó especialmente la rehabilitación realizada, que permitió reconstruir más de cuatro kilómetros de muros de piedra con bloques de marés extraídos localmente, limpiar y nivelar a mano las balsas de arcilla y recuperar el sistema tradicional de circulación del agua tal como funcionaba en el siglo XIX. Un proyecto convertido en legado para las futuras generaciones que, en palabras del propio jurado, ha reconectado con éxito el patrimonio natural, cultural y paisajístico, apoyando la biodiversidad y una economía local sostenible.

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