Síguenos F Y T I T R
Hoy es noticiaEs noticia:

Hotel Florencio: referencia del turismo deportivo

Tres generaciones ya han pasado por este establecimiento hotelero de Sant Antoni que está abierto todo el año para dar servicio a los atletas y equipos que visitan la isla de Eivissa

El Hotel Florencio está en la calle Soledad, en pleno centro urbano de Sant Antoni.

|

Hablar del Hotel Florencio es, en buena medida, recorrer la propia historia del turismo en Sant Antoni de Portmany. Lo que comenzó hace casi ocho décadas como una pequeña cantina con apenas un par habitaciones se ha convertido en un establecimiento abierto durante todo el año que ha sabido reinventarse generación tras generación sin perder su esencia familiar. Hoy, al frente del negocio se encuentra Juanjo Planells, tercera generación de la familia, convencido de que el trato cercano continúa siendo el principal valor diferencial del establecimiento.

Los orígenes del hotel se remontan a los años posteriores a la Guerra Civil. El fundador, Florencio Sáez, el abuelo de Juanjo Planells, llegó a Eivissa destinado como soldado a comienzos de la década de los cuarenta. En la isla conoció a quien sería su esposa, Pepita Torres, y ambos decidieron emprender un negocio que acabaría convirtiéndose en uno de los alojamientos históricos de Sant Antoni. «Mi abuelo llegó a Eivissa destinado como soldado tras la Guerra Civil. Aquí conoció a mi abuela y entre finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta abrieron la Cantina La Estrella», recuerda Planells.

Aquella primera cantina poco tenía que ver con el hotel actual. Contaba únicamente con tres habitaciones y su principal clientela no eran turistas, sino los militares destinados en los dos cuarteles que entonces existían en Sant Antoni, uno de Infantería y otro de Artillería. «En aquella época todavía no había turismo. Nosotros siempre decimos que quienes llenaban la cantina eran los soldados de los cuarteles del pueblo», explica. La auténtica transformación llegó con el despegue turístico de los años sesenta. Apenas una década después de abrir sus puertas, el establecimiento amplió su capacidad hasta las 25 habitaciones coincidiendo con la llegada de los primeros visitantes extranjeros y se convirtió en hostal.

«Fue entonces cuando empezaron a venir los franceses y el negocio dio un salto importante», señala. Desde entonces, el Hotel Florencio ha acompañado cada una de las etapas del turismo en Sant Antoni. Primero llegaron los visitantes franceses; posteriormente, durante las décadas de los setenta y ochenta, predominó el mercado británico. Más tarde fue el turno de los turistas alemanes y finlandeses, antes de que el cliente británico recuperara protagonismo. Actualmente el establecimiento dispone de 86 habitaciones, tras la última remodelación que redujo su capacidad para ganar comodidad y mejorar la calidad del alojamiento.

La modernización ha sido una constante. El hotel ha ido renovando habitaciones, zonas comunes, restaurante y servicios para adaptarse a un cliente cada vez más exigente. «Cada año hacemos reformas. Queremos que quien vuelva encuentre siempre alguna mejora. Hay que sorprender al cliente temporada tras temporada», explica. Uno de los grandes cambios estratégicos llegó con la apuesta por el turismo deportivo. Hoy el Hotel Florencio es alojamiento habitual de equipos y participantes en competiciones deportivas y ha desarrollado un completo centro ciclista con garaje para bicicletas, taller, lavado, alquiler y rutas guiadas, además de ser alojamiento oficial de pruebas como la Vuelta a Ibiza MTB. También ofrece menús específicos para deportistas y acuerdos con centros deportivos especializados. «Nuestro principal turoperador es, por decirlo de alguna manera, el deporte. Trabajamos con equipos de fútbol, baloncesto y otras disciplinas que vienen a entrenar o participar en competiciones durante todo el año», afirma.
Esta especialización permite que el hotel permanezca abierto los doce meses, una decisión que, reconoce, no siempre resulta rentable.

Juanjo Planells, en el taller de bicis del Hotel Florencio.

«Económicamente hay meses como enero y febrero en los que perdemos dinero. Pero creemos que merece la pena aportar nuestro pequeño grano de arena para que nuestros trabajadores puedan tener empleo durante todo el año y para ayudar a dinamizar la economía de Sant Antoni», asegura. Actualmente, el establecimiento mantiene una plantilla de alrededor de 45 trabajadores, muchos de ellos con una larga trayectoria profesional dentro de la empresa. «El mayor reto de cualquier hotelero es encontrar y mantener al personal. Nosotros tenemos la suerte de contar con un equipo muy estable desde hace muchos años y eso acaba convirtiéndose casi en una familia», comenta Juanjo.

El propio Juanjo Planells creció prácticamente entre las mesas del restaurante y la recepción del hotel cuando su madre, Pepita Sáez, conocida por todo el pueblo como Pepita des Florencio, regentaba el hotel. «Empecé siendo un niño. Cuando terminaba las clases iba directamente a la cafetería para ayudar detrás de la barra o en recepción. Mi hermano y yo crecimos dentro del hotel», destaca Juanjo. El perfil del cliente también ha cambiado profundamente. Si hace décadas Sant Antoni dependía casi exclusivamente del mercado británico, hoy la oferta se ha diversificado considerablemente. «Cuando empecé a trabajar había un auténtico monocultivo británico. Ahora recibimos clientes de muchas nacionalidades y trabajamos con segmentos que antes ni existían. El turismo deportivo ha dado muchísimo recorrido a Sant Antoni».

Para Planells, la isla de Eivissa reúne unas condiciones difíciles de igualar para quienes practican deporte al aire libre. «La isla es un auténtico paraíso. Tenemos naturaleza, playas, montaña, buen clima durante casi todo el año y estamos a apenas dos horas de buena parte de Europa. Hay pocos lugares con estas condiciones». A esa oferta natural se suma el valor añadido del establecimiento. «La gente repite porque aquí recibe un trato muy cercano y personalizado. Somos un hotel familiar y eso todavía marca diferencias».

Precisamente ese modelo familiar es uno de los aspectos que más le preocupa de cara al futuro. A pesar de haber recibido ofertas para vender el establecimiento, asegura que nunca se han planteado desprenderse del negocio. «Somos la tercera generación y esperamos que la cuarta pueda continuar. No me gustaría que los fondos de inversión acabaran comprando los pequeños hoteles de Sant Antoni. Creo que la riqueza del municipio está precisamente en que muchas familias siguen gestionando directamente sus establecimientos y hacen que el cliente se sienta como en casa».

Sin comentarios

No hay ningún comentario por el momento.

Lo más visto