El indicador más utilizado en el debate sobre el modelo turístico: el número de turistas anuales oculta el que de verdad importa: cuánta gente hay en un lugar específico un día concreto. Comparar el censo de residentes (1,2 millones) con el flujo anual de turistas (20 millones) al afirmar que la población local tiene que convivir con ese número de turistas genera confusión. Según los datos del Indicador de Presión Humana (IPH), durante los momentos de máxima afluencia en agosto, la presencia simultánea sobre el territorio balear alcanza un máximo ligeramente superior a los dos millones de personas. El verdadero desafío de Balears no radica en la cifra anual acumulada, sino en la concentración temporal de sus flujos.
La presión no se proyecta homogéneamente sobre el conjunto del archipiélago, sino que las diferencias entre islas y dentro de ellas, son notables. Los principales motivos son:
La conversión de inmuebles residenciales en alquiler vacacional que ha encarecido los precios.
La saturación de servicios: urgencias sanitarias, transporte público, redes de agua y gestión de basuras.
La presión sobre el espacio público con la ocupación masiva de terrazas, concentración de coches de alquiler y saturación de parajes naturales.
Los «culpables» no son solo los turistas sino también las personas llegadas en los últimos años, en gran medida de origen extranjero, para cubrir la demanda laboral. Así, para avanzar hacia un modelo sostenible, se imponen varias medidas, entre ellas:
Sustituir los recuentos anuales acumulados por la medición de la presencia humana real (IPH) en tiempo real desglosada por municipios.
Financiar los servicios de limpieza, seguridad y saneamiento en función de las crestas reales de demanda estival y no de promedios anuales.
Regular con firmeza la oferta inmobiliaria para proteger el parque de vivienda de alquiler de larga estancia para la población local.
Dotar a la sanidad, la educación y las infraestructuras de recursos adecuados al crecimiento sostenido de la población fija permanente. Y sobre todo controlar el crecimiento del turismo.
Tanto las autoridades regionales como las municipales deben dar prioridad a la solución de estos problemas, con el apoyo de empresarios y sindicatos, porque no hacer nada significa dejar que la situación empeore hasta hacer imposible la convivencia.