Conviene matizar una idea que, a primera vista, puede parecer casi mágica: hablar de productos con capital protegido o estructuras contractuales que pueden ofrecer rentabilidades superiores al 7%, e incluso resultados acumulados cercanos al 50% en determinados escenarios. Suena llamativo… y es real. Pero no todo lo que se presenta como ‘garantizado’ lo es en el mismo sentido, y ahí es donde contar con un consultor financiero que te hable con claridad y con información veraz marca la diferencia entre una buena decisión y un riesgo innecesario. Estás a una llamada de entender cómo funciona. Pero antes, un poco de contexto.
En los últimos años se ha observado una cierta ‘escasez’ de depósitos garantizados, no tanto porque hayan desaparecido, sino porque cada vez hay menos opciones verdaderamente atractivas para el ahorrador conservador. Este fenómeno está estrechamente ligado a la evolución de los tipos de interés en la zona euro. Tras las subidas impulsadas por el Banco Central Europeo entre 2022 y 2023, los depósitos a plazo fijo recuperaron protagonismo, alcanzando niveles de rentabilidad que no se veían desde hacía años.
Sin embargo, a partir de 2024 se inició un cambio de tendencia: primero una estabilización y posteriormente una ligera bajada de tipos, lo que ha llevado a las entidades financieras a reducir progresivamente las remuneraciones ofrecidas. A esto se suma que los bancos, especialmente en España, cuentan con elevados niveles de liquidez y no necesitan competir agresivamente por el ahorro, lo que limita aún más las ofertas atractivas. Como consecuencia, muchos depósitos han perdido interés o directamente han desaparecido, y los que siguen disponibles suelen ofrecer condiciones menos competitivas que en otros países europeos. Además, alternativas como las letras del Tesoro o ciertos fondos garantizados han ganado protagonismo, desplazando parte del atractivo de los depósitos tradicionales.
Si analizamos la evolución reciente, en 2023 los depósitos se movían en torno al 2%–3%, con algunas ofertas puntuales algo superiores. En 2024 se alcanzaron los niveles más altos, con productos que podían acercarse o incluso superar el 3%, y casos concretos en torno al 4%. Sin embargo, en 2025 la tendencia se ha invertido, situando la media aproximadamente entre el 1,6% y el 2,8%, con pocas excepciones por encima. El mercado refleja un cambio de ciclo: tras un breve periodo favorable para el ahorrador conservador, volvemos a un entorno de rentabilidades más moderadas. Y precisamente por eso, entender bien qué alternativas existen hoy —y cómo están estructuradas realmente— es más importante que nunca.