Un pa amb oli con tomate de ramellet es uno de los platos más representativos de la gastronomía mallorquina. Fundada en 1964, Agromallorca es una sociedad agraria de transformación especializada en el cultivo del tomate de ramellet. Actualmente, Isabel Vicens, segunda generación al frente de la empresa y presidenta ejecutiva, lidera la compañía, que cuenta con una sólida trayectoria en el sector agrícola de Mallorca. Socios, payeses y trabajadores forman parte de un proyecto construido durante décadas. «El tomate de ramellet es la base de todos los sofritos de la cocina mallorquina, aunque hoy en día esta costumbre se ha perdido un poco. No le damos la importancia que merece», lamenta Isabel.
Su trayectoria al frente de Agromallorca ha recibido reconocimientos como la condecoración de la Orden del Mérito Civil y el premio nacional Mujer Agro en 2020. La empresa también ha sido distinguida por el producto local, de calidad y sostenible, así como su capacidad de expansión. Unos reconocimientos que, más allá de su dimensión personal, representan el esfuerzo de todas las personas que han contribuido a consolidar el proyecto. La tercera generación ya forma parte de la empresa. Esperança Pou regenta el restaurante Selvatge, mientras que Jaume Pou es ingeniero técnico agrícola y director general de explotaciones agrarias.
Cada día salen cerca de 10.000 kilos de tomate de ramellet de las instalaciones de Agromallorca. La producción procede de sus seis fincas, distribuidas por distintos puntos de Mallorca: Rafal de n’Albertí, en sa Pobla; s’Hort d’en Boira, en Selva; sa Vinyota y ca’n Trujillo, en Inca; y Es Barranc y Puntiró, en Palma. En conjunto, la empresa dispone de 40 hectáreas de invernaderos y otras 40 hectáreas de cultivo al aire libre. Una parte de la producción es ecológica y otra se cultiva mediante producción integrada, con técnicas de lucha biológica. Ambas modalidades cuentan con las correspondientes certificaciones de calidad y seguridad alimentaria.
Aunque el tomate de ramellet es su especialidad, Agromallorca también cultiva otras hortalizas. «Producimos calabacín, pepino y pimiento durante el verano, y lo hacemos al aire libre. Cultivamos otras verduras para rotar los cultivos del tomate, un año sembramos tomate en un terreno y al siguiente plantamos calabacín o pepino, o dejamos descansar la tierra. Todo depende de la duración del ciclo de cultivo», explica Isabel. El pepino y el pimiento blanco son productos de temporada, por lo que solo se cultivan en verano. En cambio, el calabacín blanco, el calabacín negro y el tomate de ramellet se producen todo el año.
El rendimiento de una planta de tomate de ramellet puede variar considerablemente. «Todo depende del tiempo, de la humedad, del sol, del momento y de la finca. Es un conjunto de circunstancias que pueden influir en que la planta produzca más o menos», señala Isabel. También destaca la importancia de cosechar el fruto en el momento adecuado, «el tomate debe alcanzar el punto de maduración correcto porque, si no, no cumple su función. El tomate de ramellet es muy delicado, a diferencia de otras variedades».
Por otro lado, la presidenta ejecutiva compara esta variedad con el tomate de ensalada, cuya producción se ha beneficiado de una mayor inversión en investigación y mejora genética. «Una planta de tomate de ensalada puede producir mucho más porque se ha invertido más en sus semillas para conseguir que sea más bonito, dure más y dé una mayor producción. Por eso son tomates tan grandes y bonitos, aunque no tan buenos en cuanto a sabor. En cambio, nadie invierte en el tomate de ramellet. En Balears y Catalunya no tenemos los recursos suficientes para invertir en su mejora, aunque tampoco es algo que nos interese especialmente», afirma.
Isabel recuerda que, en el pasado, Agromallorca cultivaba una mayor variedad de hortalizas y contaba con un catálogo más amplio. Sin embargo, la empresa ha optado por especializarse. «Cada vez hay más productores de lugares como Almería, Murcia o Marruecos que cultivan verduras que antes solo se producían aquí. Han conseguido obtener productos tan buenos como los nuestros, hasta el punto de que resulta difícil distinguirlos. Además, sus costes de producción son mucho más bajos y no se puede competir con eso», reconoce.
MERCADONA.
Agromallorca y Mercadona llevan tres décadas trabajando juntas. La empresa mallorquina suministra en exclusiva el tomate de ramellet a la cadena de supermercados, que ofrece esta variedad autóctona a sus clientes de Balears y Catalunya. También le proporciona otras hortalizas como el calabacín blanco, el calabacín negro y el pimiento blanco. Isabel recuerda los recelos que suscitó el acuerdo cuando se inició la colaboración. «Cuando empezamos a trabajar con Mercadona, todo el mundo me decía que estaba loca y que me mandarían en mi propia empresa. Pero no es así, muchas veces somos nosotros mismos quienes nos ponemos límites», afirma.
La presidenta ejecutiva destaca, asimismo, la seguridad que proporciona esta relación comercial. «Mercadona te garantiza que comprará tu producto. Lo adquiere a un precio justo, de manera que puedes obtener beneficios y tener la tranquilidad de contar con esta demanda. Su modelo consiste en trabajar con proveedores a largo plazo», explica. El tomate de ramellet de Agromallorca solo se comercializa en las tiendas de Balears y Catalunya, ya que, según Isabel, esta variedad sigue siendo poco conocida en el resto de España. «Suministramos a 350 tiendas entre Catalunya y Balears. El 60% de nuestra producción se destina a sus establecimientos», detalla.
CONSERVAS.
Agromallorca no se dedica únicamente al cultivo de hortalizas, sino que también cuentan con una línea de productos envasados a partir de su propia producción. Entre ellos figuran el tomate de ramellet rallado y el tomate de ramellet para pa amb oli. «Elaboramos estos productos con tomates que descartamos para la venta en fresco, ya sea por su tamaño o porque no han alcanzado el punto de maduración adecuado. Aun así, son tan buenos como los demás», explica Isabel. La iniciativa nació en 2013, a partir de una idea que la empresa llevaba tiempo barajando. «Siempre habíamos pensado en aprovechar los tomates que ya no podíamos destinar a otros usos, porque, de lo contrario, teníamos que desecharlos. En nuestro caso, se los damos a las ovejas», recuerda.
Para poner en marcha el proyecto, Isabel fue a Madrid para cursar el Máster en Gestión de Empresa Agroalimentaria de la Universidad de Nebrija. Tras 13 años, Agromallorca ha tenido que cerrar su fábrica, pero la línea de conservas ha continuado gracias a la colaboración con Amadip Esment, entidad que actualmente se encarga de su elaboración. «Cuando tuve que cerrar la fábrica hace unos meses, decidí que se encargaran ellos. Me hacía ilusión que el proyecto tuviera también una vertiente social, así que ahora elaboran los productos para nosotros», explica.
Este compromiso se extiende también a TATU Project, una iniciativa impulsada por su hijo Jaume Pou junto a otros compañeros en Tanzania, especialmente vinculada a la autonomía y el empoderamiento de las mujeres. El proyecto refleja «una manera de entender la responsabilidad social que va más allá de la actividad empresarial y que forma parte de los valores que sostienen Agromallorca», afirma Isabel.
SELVATGE.
Agromallorca ha dado un paso más allá con la apertura del restaurante Selvatge, en Selva, cuya propietaria es Esperança Pou, hija de Isabel. «Este proyecto nos gusta mucho y nos hace especial ilusión. Para nosotros representa una evolución de nuestro trabajo, porque permite degustar nuestro producto en diferentes maneras. Los platos están elaborados con productos locales». Al frente de la cocina se encuentra Álex Pardo, mientras que Óscar Alba dirige la sala.
FUTURO.
De cara al futuro, Agromallorca aspira a seguir creciendo sin perder de vista sus raíces. «Si Mercadona crece, nosotros también debemos hacerlo, porque, si somos su único proveedor, tenemos que suministrarle todo lo que necesite», afirma Isabel. La empresa también está realizando pruebas de cultivo en Murcia y Almería para hacer frente a los efectos del cambio climático, especialmente durante los meses de verano. «Nos encontramos con el problema del cambio climático, sobre todo en verano. Todavía estamos perfeccionando el cultivo allí, porque tenemos que adaptarnos a su clima y a su tierra. En esas zonas las condiciones climáticas son mucho mejores que en Mallorca», aclara. Isabel también destaca la influencia del entorno en la calidad del producto. «Cuanto más cerca del mar se cultiva el tomate, mejor es su sabor, y esto se debe a la salinidad».
Otro de los ámbito en los que Agromallorca está trabajando es la incorporación de la inteligencia artificial para optimizar la producción. «Nos permitirá disponer más rápidamente de los datos de los terrenos y actuar antes. Además, podremos obtener tomates de mayor calidad y producir de una manera más respetuosa con el medio ambiente», señala.
Por último, la presidenta ejecutiva descarta, por ahora, comprar nuevas fincas en Mallorca debido al elevado precio del suelo agrícola y a las dificultades para encontrar terrenos adecuados. «Actualmente, es imposible comprar una finca en Mallorca por el precio que tienen. Además, no nos sirve cualquier terreno, debe reunir unas condiciones concretas. Tampoco podemos alquilar fincas, porque nadie ofrece contratos a veinte años, que es el plazo que necesitaríamos para instalar toda la infraestructura», explica.
Ante estas dificultades, Agromallorca ha optado por colaborar con payeses que cultivan para la empresa siguiendo sus indicaciones, una fórmula que le permite ampliar la producción sin tener que adquirir nuevas fincas. Una estrategia que mantiene el vínculo con el territorio y pone en valor el conocimiento y la implicación de las personas que hacen posible el proyecto.