En el número 26 de la calle Sant Cristòfol, en Ibiza, se encuentra Churrería La Única, que en mayo celebrará su primer aniversario. Lo que comenzó como un proyecto pequeño, lleno de ilusión y con mucho trabajo detrás, es ahora un negocio que ya forma parte de la rutina de muchos vecinos del barrio.
Desde el primer día, La Única apostó por ofrecer churros y porras recién hechos, cuidando cada detalle del proceso y utilizando maquinaria profesional de calidad. El objetivo siempre fue claro: ofrecer un buen producto, sin complicaciones y sin perder la esencia de la churrería tradicional. Churros dorados, crujientes por fuera y tiernos por dentro. Porras recién hechas. Azúcar en su punto exacto. Parece sencillo, pero detrás hay técnica y constancia.
Al frente del negocio están Agustín, Carmen y Miriam. Agustín se encarga de que cada tanda salga en su punto perfecto. «Esto tiene su técnica. No es solo freír. Hay que estar atento al aceite, a la masa y al tiempo», explica.
Carmen es, para muchos clientes, la primera sonrisa del día. «Aquí intentamos que la gente se sienta a gusto. Que no sea solo comprar y marcharse, queremos que se queden, que hablen, que vuelvan», cuenta.
Miriam destaca algo muy importante para ellos: «Cuando alguien entra y ya sabes lo que va a pedir, significa que hemos hecho las cosas bien».
Aunque los churros y las porras siguen siendo su producto estrella, durante este primer año han ampliado la oferta. Han añadido tortilla de patatas casera, ideal para quienes buscan un desayuno o almuerzo más completo. También ofrecen una variedad de tostadas con pan llonguet de Ibiza, con combinaciones como aceite y tomate, jamón o aguacate, siempre apostando por sabores sencillos y reconocibles.
En el apartado dulce, los crepes se han incorporado con gran acogida, completando la oferta sin perder la esencia del negocio. Pero si algo demuestra que La Única ha encontrado su sitio es lo que dicen sus propios clientes. «Vengo casi todos los domingos con mis hijos. Para ellos es un plan fijo», comenta Laura, vecina del barrio. «Me recuerda a cuando era pequeño. No es solo el churro, es el ambiente», explica Antonio, quien suele pasar a media mañana. María, que trabaja cerca, lo tiene claro: «Aquí sabes que todo es recién hecho y que te atienden con cariño. Eso se nota». Estos testimonios, sencillos pero reveladores, reflejan lo que ha logrado este pequeño negocio en su primer año: convertirse en una parte esencial de la vida cotidiana de Sant Cristòfol.
Cumplir un año es un paso importante para cualquier pequeño negocio. Para Churrería La Única significa haber superado los retos iniciales, haber aprendido sobre la marcha y, o más importante, haber ganado la confianza de sus clientes.
En una ciudad como Ibiza, este pequeño local de Sant Cristòfol ha logrado hacerse un hueco ofreciendo algo claro: productos recién hechos, un trato cercano y constancia. Y, según su equipo, esa seguirá siendo la base para los próximos años.