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El hotel al que querrás escapar este septiembre para recuperar la energía está en Ibiza, suspendido sobre un acantilado y frente al Mediterráneo

Hacienda Na Xamena se esconde en el norte de la isla, a 180 metros sobre el mar y rodeado por 150 hectáreas de naturaleza, como un refugio excepcional para alargar el verano lejos del ritmo más intenso de agosto

El hotel al que querrás escapar este septiembre para recuperar la energía está en Ibiza, suspendido sobre un acantilado y frente al Mediterráneo. | Foto: R.I.

| Ibiza |

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Hay quienes creen que Ibiza termina en agosto, pero quienes conocen de verdad la isla saben que es entonces cuando comienza uno de sus momentos más especiales. Septiembre devuelve a Ibiza su ritmo natural, las temperaturas se suavizan, las carreteras y las playas recuperan poco a poco la calma y el Mediterráneo continúa invitando a bañarse mientras restaurantes, terrazas, propuestas culturales y algunos de los enclaves más especiales de la isla mantienen intacta su esencia.

Es también el momento perfecto para desaparecer durante unos días, recuperar energía y descubrir esa otra Ibiza que no necesita ruido para resultar magnética. Y pocos lugares permiten hacerlo como Hacienda Na Xamena, un icónico hotel situado en Sant Miquel de Balansat, en el norte de la isla, suspendido sobre un acantilado a 180 metros sobre el Mediterráneo, sin vecinos, y rodeado por 150 hectáreas de naturaleza y dos kilómetros de costa. Un refugio donde mirar el mar durante horas vuelve a convertirse en un plan.

Septiembre, cuando Ibiza vuelve a respirar

El final del verano transforma la isla. Los días continúan siendo largos y luminosos, pero las temperaturas resultan más amables y el ritmo se desacelera. Se puede volver a recorrer una cala sin prisas, sentarse frente al mar durante una sobremesa interminable

o descubrir los pueblos del interior mientras Ibiza recupera progresivamente esa sensación de libertad que ha construido su leyenda durante décadas. Una filosofía que encaja de manera natural con Hacienda Na Xamena.

Fundado en 1969 por el arquitecto belga Daniel Lipszyc, esta hacienda que es una obra de arte en sí misma, nació precisamente del deseo de integrarse en el paisaje y recuperar una hospitalidad cercana y profundamente humana. Su arquitectura parece brotar de la montaña y sus habitaciones y suites se abren al Mediterráneo convirtiendo el horizonte en parte de la experiencia. Aquí el verdadero privilegio no consiste en hacer más, sino en tener tiempo para hacer menos.

Dormir sin despertador. Desayunar frente al mar. Leer junto a la piscina. Contemplar cómo cambia la luz sobre el acantilado, disfruta de un cóctel con tapeo en sus nidos a vista de pájaro o recuperar esa sensación, cada vez más difícil de encontrar, de que durante unas horas no existe ningún lugar al que haya que llegar.

Un spa suspendido sobre el Mediterráneo

Para quienes llegan a septiembre necesitando precisamente parar, Spa La Posidonia convierte el bienestar en uno de los grandes protagonistas de la estancia.

Su experiencia más emblemática son las Cascadas Suspendidas, un singular circuito de hidroterapia al aire libre frente al Mediterráneo diseñado para favorecer la relajación y reconectar cuerpo y mente mientras el paisaje hace el resto.

La propuesta se completa con tratamientos corporales y faciales y diferentes rituales wellness, desde masajes relajantes hasta experiencias inspiradas en la energía de Ibiza. Porque si hay viajes después de los que se necesitan vacaciones y otros de los que uno regresa sintiéndose diferente, Hacienda Na Xamena pertenece claramente a los segundos.

Comer mirando al infinito

La desconexión continúa alrededor de la mesa. En Restaurante Edén desarrollan una gastronomía de proximidad, estacional y vinculada a la finca tradicional del propio hotel, donde producto, paisaje y territorio forman parte de una misma experiencia.

Pero probablemente uno de los lugares más sorprendentes de Hacienda Na Xamena sean sus Nidos, tres estructuras circulares privadas situadas en el punto más elevado del establecimiento desde las que contemplar una espectacular puesta de sol sobre el Mediterráneo.

Una cena mientras desaparece el sol, una copa sin mirar el reloj y esa luz dorada que en septiembre parece prolongarse unos minutos más de lo habitual resumen bastante bien otra forma de entender Ibiza.

La Ibiza que quizá estabas buscando

Septiembre permite, además, combinar la calma del norte de la isla con todo aquello que continúa haciendo irresistible a Ibiza: gastronomía, diseño, música, cultura, naturaleza, pequeños pueblos blancos, mercados, playas y algunos de los atardeceres más famosos del Mediterráneo.

La diferencia está en poder disfrutarlos con otro ritmo y regresar después a un hotel escondido entre montañas, abriendo la terraza de la habitación para encontrarse únicamente con el azul del mar y el sonido de la naturaleza.

Quizá el verdadero lujo de Ibiza nunca fue estar donde está todo el mundo, sino encontrar un lugar desde el que olvidarse durante unos días de que el resto del mundo exist, y septiembre puede ser el momento perfecto para descubrirlo.

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