El Riksbank de Suecia ha recomendado a la población mantener efectivo en casa como medida de precaución, en un giro inesperado para uno de los países que más apostó por eliminar el dinero físico. La entidad bancaria sugiere que cada adulto disponga de al menos 1.000 coronas suecas (unos 90 euros) en billetes para cubrir compras esenciales durante una semana en caso de que fallen los sistemas de pago digitales. Esta recomendación supone un cambio de estrategia en un país donde apenas el 10% de las transacciones comerciales se realizan con dinero en metálico.
Durante años, Suecia se convirtió en el laboratorio mundial de los pagos sin efectivo, hasta el punto de que llegó a ser habitual encontrar comercios con carteles de "solo tarjeta" sin que generase controversia alguna. Los datos reflejan esta evolución: mientras que en 2010 el 39% de los suecos declaraba haber pagado su última compra en efectivo, en 2020 ese porcentaje había descendido hasta el 9%.
Sin embargo, esta dependencia casi total de los sistemas digitales ha generado nuevas vulnerabilidades que ahora preocupan a las autoridades financieras suecas. El banco central advierte sobre los riesgos de depender exclusivamente de infraestructuras tecnológicas que pueden verse afectadas por cortes eléctricos, ciberataques o tensiones geopolíticas. La situación se complica al considerar que las redes Visa y Mastercard, sobre las que se apoya gran parte del sistema de pagos del país, son de origen estadounidense, lo que añade un factor adicional de vulnerabilidad en el contexto internacional actual.
Reserva de efectivo para situaciones de emergencia
El Riksbank detalla en su comunicado que "esta cantidad debe considerarse como referencia y está destinada a cubrir una semana de compras esenciales. Los hogares pueden necesitar más o menos efectivo disponible, dependiendo del número de personas en el hogar o de sus necesidades específicas. Siempre que sea posible, se recomienda a los hogares mantener efectivo en varias denominaciones". La institución justifica esta medida de forma explícita: "El acceso a diferentes métodos de pago mejora la capacidad de las personas para realizar pagos en caso de interrupciones temporales, crisis y, en el peor de los casos, guerra".
Además del efectivo, el banco central sueco aconseja diversificar los métodos de pago disponibles. Entre las recomendaciones figura disponer de al menos dos tarjetas bancarias de redes distintas, como Visa y Mastercard, para garantizar que si una red experimenta fallos técnicos, la otra pueda seguir operativa. También sugiere tener acceso a servicios de pago móvil como Swish, la aplicación sueca de transferencias instantáneas que funciona sobre una infraestructura diferente a la de las tarjetas tradicionales.
Para los usuarios de Apple Pay o Google Pay, el Riksbank recuerda la importancia de llevar siempre la tarjeta física y conocer el código PIN, ya que el chip de la tarjeta permite realizar transacciones incluso sin conexión a internet. Varios países europeos han comenzado a revisar la resiliencia de sus infraestructuras críticas ante el deterioro de las condiciones de seguridad en el continente.
Suecia, que alberga el Riksbank, el banco central más antiguo del mundo, y que durante décadas marcó la pauta en la transición hacia una economía sin papel moneda, ofrece ahora una lección sobre los límites de la digitalización total. El caso sueco demuestra que ningún sistema de pagos es completamente invulnerable y que mantener alternativas analógicas puede resultar estratégico en un entorno de creciente incertidumbre. La recomendación no busca frenar la innovación financiera, sino reforzar la capacidad de respuesta de la población ante posibles disrupciones en los servicios digitales que ahora sostienen prácticamente toda la actividad económica cotidiana del país nórdico.