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Muchas personas lo hacen mal y no lo saben: qué alimentos nunca deberías congelar y cuáles sí

No es aconsejable que todos acaben en el congelador

Hay que tener ojo con los alimentos que congelamos | Foto: Freepik

| Ibiza |

Congelar alimentos es una práctica habitual en muchos hogares, utilizada tanto para conservar las sobras como para alargar la vida útil de compras en mayor cantidad. Este método resulta eficaz para frenar la proliferación de microorganismos y ralentizar la descomposición de los alimentos, manteniéndolos comestibles durante más tiempo.

Sin embargo, la congelación no detiene por completo los cambios físicos que se producen en los alimentos. No todos mantienen su sabor, textura o calidad tras pasar por el frío y existen ciertos productos que, pese a la costumbre de muchas personas, no se recomienda guardar de este modo, ya que pueden deteriorarse o perder sus propiedades originales.

Por qué algunos alimentos no se deben congelar

No todos los alimentos reaccionan igual al frío del congelador. Según el portal especializado Restauración Colectiva, aquellos con alto contenido de agua, grasa o estructuras delicadas suelen experimentar cambios en su consistencia, sabor y apariencia. Por ello, no siempre es recomendable guardarlos en el frío, ya que su calidad puede verse seriamente afectada.

Esto, según explican, se debe principalmente a la formación de cristales de hielo que rompen las fibras y paredes celulares, provocando pérdida de textura al descongelar. Además, la sublimación del hielo genera quemaduras por frío o deshidratación superficial, visibles como manchas blancas o zonas secas, afectando tanto la presentación como el sabor del alimento.

Qué alimentos no se pueden congelar

Algunos productos sufren más que otros durante la congelación y pierden sus cualidades originales. Estos son algunos alimentos que no se deben congelar.

1. Huevos y mayonesa

Muchos congelan huevos con cáscara para hacer huevos cocidos más redondos, una práctica habitual en redes sociales. Sin embargo, esto es un error, ya que el líquido en su interior se expande al congelarse y puede fracturar la cáscara; al descongelarlos, la textura puede resultar arenosa o desagradable.

La mayonesa y otras salsas a base de emulsión -que contienen aceite y huevo- tampoco toleran bien la congelación, ya que su estructura se separa y al descongelarse se convierten en una masa espesa o gelatinosa con pérdida de sabor y textura.

2. Verduras y frutas con mucha agua

Las frutas y verduras con alto contenido de agua, como sandía, pepino o lechuga, sufren daños en sus células al congelarse. Al descongelarlas, el agua se expande y rompe las paredes celulares, lo que provoca que la textura se vuelva blanda, acuosa o incluso pastosa, perdiendo gran parte de su atractivo.

3. Patatas crudas y platos con almidón

Las patatas crudas no deben congelarse sin cocinar previamente, porque su contenido de agua y almidón hace que se vuelvan blandas y harinosas al descongelarse, alterando su sabor y consistencia.

De forma similar, la pasta o el arroz cocido suelen absorber humedad en exceso y perder su firmeza original si se congelan sin el tratamiento adecuado, lo que empeora su textura tras el descongelado.

4. Lácteos y alimentos grasos

Los productos lácteos ricos en grasa, como quesos blandos, yogur o crema agria, tampoco se comportan bien en el congelador: las grasas se separan y, al descongelarse, pueden volverse granulosos o acuosos, reduciendo su calidad y sabor inicial.

Asimismo, las salsas cremosas o postres lácteos pueden cuajarse o fragmentarse tras la congelación, convirtiéndose en una mezcla desagradable.

5. Alimentos fritos y ensaladas preparadas

Los alimentos fritos, como patatas fritas o rebozados, pierden su textura crujiente al congelarse y descongelarse, quedando blandos y poco apetecibles.

Algunas ensaladas preparadas, especialmente las que contienen mayonesa o salsas, tampoco deberían congelarse, ya que los ingredientes se separan y el resultado tras descongelar es de mala calidad.

Qué alimentos sí se pueden descongelar

Aunque muchos productos no mantienen su consistencia ideal tras la congelación, otros sí pueden conservarse con éxito si se preparan adecuadamente: carnes, pescados, legumbres y muchas verduras pueden congelarse si se envuelven correctamente y se hace de forma higiénica para evitar el deterioro.

La clave está en entender que la congelación no mejora la calidad de un alimento, solo la preserva a partir de un punto de partida adecuado. Por eso, elegir bien qué congelar y cómo hacerlo puede marcar la diferencia entre disfrutar de una comida casi fresca o de un producto que ha perdido sus mejores cualidades.

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