El 19 de marzo de 1998, Día del Padre, la familia Fernández García marcó en el calendario una fecha decisiva. Aquel día abría sus puertas la cafetería y restaurante Noelia, el proyecto empresarial que Paco y Puri emprendieron apenas dos años después de llegar a Ibiza. «Nuestro cuñado, Antonio Moya, nos planteó venir a la isla para probar suerte llevando una cafetería, la Eva Park, en Santa Eulària. El plan era probar un año, a ver qué nos parecía, y ya casi llevamos 30», recuerda Paco.
La historia de la pareja comienza mucho antes, en su Pozo Alcón natal. Son pareja «desde la primera adolescencia», aunque fue en Suiza donde consolidaron su trayectoria profesional en la hostelería. «Yo me fui con solo 16 años y estuve allí otros 16. Hice distintos cursos y me convertí en cocinero. Puri estuvo 10 años», explica Paco. Ambos trabajaron en un hotel de Piz Nair, en los Alpes, una etapa decisiva tanto en lo profesional como en lo personal. Allí nacieron dos de sus tres hijos, Myriam y Alejandro; el pequeño, Fran, nació ya en Ibiza.
«Lo que quisimos hacer fue el típico bar español, un modelo que ya está en peligro de extinción»
Proyecto
Mientras trabajaban en la cafetería Eva Park, conocieron —a través del propio Antonio Moya, a uno de los promotores de la construcción del edificio Noelia. «Decidimos embarcarnos en el proyecto de nuestra propia cafetería y restaurante», relata Paco. Entonces, aquella zona estaba prácticamente a las afueras de la localidad: «El pueblo llegaba hasta la calle Teniente Coronel Costa Ribas».
Desde el principio tuvieron clara la idea: «Lo que quisimos hacer fue el típico bar español. Abrimos así y así seguimos más de 20 años después». Un modelo que, a juicio de Paco, «está en peligro de extinción», en un contexto dominado por nuevos formatos hosteleros «como los beach clubs». Frente a esos conceptos, Noelia reivindica precios ajustados, una clientela de toda la vida y una atención «impecable», como la definen quienes cruzan a diario su puerta.
Equipo
Ese trato cercano se sustenta en una dedicación que comienza a las siete de la mañana y se prolonga hasta pasada la medianoche. Junto a Paco trabajan Puri, Myriam y Fran, además de una plantilla que alcanza las 14 personas. Entre ellas, Carmen o Carlos, presentes desde la apertura, o Diana, hoy jefa de cocina. «Entró limpiando platos a mi lado y ha terminado como jefa de cocina», explica con orgullo.
«Somos como la ONU», bromea Paco al referirse a la diversidad del equipo, con «seis o siete nacionalidades distintas: saharauis, colombianos, rumanas…».
Cocina
«Este es un local donde comer a cualquier hora del día», subraya. Aunque la cocina funciona de 13:00 a 16:00 y de 20:00 hasta medianoche, durante el resto de la jornada siguen sirviendo bocadillos calientes, pizzas y otras propuestas. Las especialidades son las tapas, las raciones y la cocina mediterránea, con un rasgo distintivo: la carne de caza. En su carta destacan el ragú de jabalí y el de ciervo, elaboraciones poco habituales en la oferta diaria de la isla.
Clientela
El perfil de quienes llenan sus mesas responde, sobre todo, a vecinos y trabajadores de la zona, además de residentes extranjeros que viven todo el año en la isla. «En cuanto empiezan a venir, continúan viniendo todos los días como unos clientes más», señala Paco.
En la terraza coinciden con frecuencia Luciano y Lorenzo, que acude a diario con su mascota, Sofi. «Venimos todos los días. Aquí se está en familia y siempre nos tratan como a uno más», aseguran.
Emilio, también vecino, afirma entre risas: «Vengo todos los días y pienso seguir haciéndolo hasta que me echen». Manel acude «día sí, día no» y define el establecimiento como «un lugar donde siempre me lo paso bien». Andrés, que reparte género al bar desde hace siete años, reconoce que cuando no trabaja también se sienta como cliente: «La amabilidad y familiaridad que te encuentras aquí no te la encuentras en cualquier sitio».
Pepe, mientras disfruta de un purito y un cortado, resume el sentir general: «Llevo muchos años viniendo, son amigos de toda la vida y el servicio es inmejorable. Sé de lo que hablo porque fui camarero durante 24 años».
Casi tres décadas después de aquella apertura en 1998, el Noelia mantiene intacta la fórmula que lo vio nacer: cocina reconocible, horarios amplios y una relación con la clientela basada en la cercanía. En tiempos de transformación acelerada del sector, el «típico bar español» resiste como punto de encuentro cotidiano en Santa Eulària.