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Bares de siempre

Bares de Ibiza: Es Cucó, donde «La gente viene de todas partes»

Es Cucó lleva más de medio siglo como punto de encuentro en Sant Agustí

Más de seis décadas después de su apertura, Es Cucó continúa funcionando como un espacio cotidiano. | Foto: Toni P.

| Ibiza |

Vicent Marí, de Can Guillem, y Pepa de Can Garxò des Pou abrieron a principios de los años 60 del siglo pasado su propia tienda en la zona de Es Cucó, en Sant Agustí. Era una tienda como las de antes, donde se vendía prácticamente de todo y que además contaba con una pequeña barra que servía de bar para la clientela habitual del establecimiento.

Maria Escandell, viuda de Vicent Ribas —sobrino de los fundadores— representa la penúltima generación al frente del negocio. Recuerda que «la tienda y el bar se tuvieron que separar en 1977 por una ley que salió entonces». Para ese momento, el establecimiento fundado por Vicent y Pepa ya se había convertido en un punto clave de la zona.

«Coincidió que se estaban construyendo el hotel Barceló y el Club Delfín y todos los trabajadores pasaban por la tienda a comprarse el bocadillo y al bar a tomarse algo. Eso les ayudó mucho a tener éxito», explica Maria.

La muerte prematura de Vicent, que no tenía descendencia, provocó el primer gran cambio en la gestión del negocio. El establecimiento pasó entonces a manos de su hermana Maria y de su marido, Vicent Ribas —suegros de Maria Escandell— junto a sus hijos, Vicent y Cati.

Maria recuerda aquellos años con especial cariño: «Cuando se separaron la tienda y el bar hacía poco tiempo que Vicent y yo festejábamos». La pareja se casó en 1979 y tuvo dos hijos, Daniel y Mari Ángeles. Esta última representa hoy la tercera generación vinculada al bar Es Cucó. Paralelamente, Cati y su marido, Miquel d’en Blai, pasaron a encargarse de la tienda.

Con el paso de los años, no solo creció la familia. También lo hizo el negocio. «Al principio era mucho más pequeño. Lo que ahora es el salón era la terraza y la terraza actual ni siquiera existía», recuerda Escandell sobre la primera distribución del local, que se mantuvo prácticamente intacta hasta la reforma de 1988.

Aquella reforma marcó una nueva etapa para Es Cucó. «Se hizo una cocina más grande y compramos la máquina para hacer los pollos a l’ast», explica Maria. El pollo asado acabaría convirtiéndose en una de las señas de identidad del establecimiento, algo que sigue ocurriendo hoy en día. «Viene gente de todos los puntos de la isla a comer nuestros pollos», asegura. Está convencida de que fueron de los primeros en ofrecer pollo a l’ast en la zona. «Hasta los extranjeros se llevaban uno antes de volver a su casa», comenta entre risas.

Con el tiempo, muchos establecimientos cercanos incorporaron máquinas similares. Sin embargo, terminaron abandonándolas. «Nosotros nunca quisimos dejar de hacerlo. Cada cocinero nuevo que entraba quería quitarlo, pero mi marido, Vicent, siempre decía que de ninguna manera. La gente viene de todas partes para comer el pollo de Es Cucó y había que seguir haciéndolo igual».

Los cambios

Aunque siempre se trató de un negocio familiar, hubo etapas en las que la gestión quedó en manos ajenas a la familia. Durante los primeros años 80, antes de la reforma, Bartolo Reganes estuvo al frente del bar.

«En aquella época Cati era demasiado joven para hacerse cargo de la tienda y llevar las dos cosas era demasiado», explica Maria. La situación cambió tras el matrimonio de Cati y la reorganización familiar, con cada hermano ocupándose de una de las dos partes del negocio.

Gran foto de familia del equipo de Es Cucó. Foto: Toni P.

A comienzos de los años 2000 el bar volvió a estar alquilado durante unos cinco años. Desde hace tres años es Miquel d’en Blai quien está al frente, aunque Mari Ángeles ya prepara su regreso a la gestión familiar, que ya asumió junto a su hermano a partir de 2017 y que retomará nuevamente a partir de noviembre.

Maria conserva numerosos recuerdos de la primera época del bar. Describe un ambiente muy diferente al actual, aunque igual de cercano. «Aquí se jugaba a las cartas y a los dados con un potriol», explica.

También recuerda algunas de las bebidas más populares de entonces. Entre ellas estaban las lubumbas, preparadas con Cacaolat caliente y coñac, o el vaporet, una mezcla de café, coñac y azúcar que se encendía con un mechero antes de beberse. «El vaporet iba muy bien para entrar en calor», señala.

Equipo de cocina de Es Cucó. Foto: Toni P.

Otra bebida habitual era la barratxeta, elaborada con mitad coñac y mitad moscatel. Maria rememora una anécdota relacionada con un repartidor de Avidesa que llevaba los pollos desde Valencia.

«Siempre iba corriendo para llegar al barco de vuelta. Cuando entraba aquí gritaba: «¡Marieta, una barratxeta!. Se la bebía de un trago y salía volando», recuerda entre risas.

Pese al paso del tiempo, la oferta gastronómica ha mantenido la misma filosofía. «Seguimos haciendo cocina como el cordon bleu artesanal o las carrilladas, además de muchas tapas», explica.

La clientela también forma parte esencial de la historia de Es Cucó. Maria recuerda a vecinos históricos de la zona, como Pep Sardina, uno de los clientes más veteranos. Pero también destaca la presencia constante de residentes extranjeros desde los primeros años.

Jaime, Manolo y Pep 'Sardina'. Foto: Toni P.

«Muchos se habían construido una casa por los alrededores y venían siempre. Ahora siguen viniendo sus hijos», comenta. Hace pocos días, una familia suiza regresó al establecimiento acompañando a sus padres, ya muy mayores, para sentarse en la misma mesa de hace décadas.

«Con muchos acabamos haciendo amistad. Nos enviaban felicitaciones de Navidad y una caja de bombones de Champagne deliciosos que nunca he vuelto a probar», relata.

Ese carácter cosmopolita sigue muy presente en el local. En la terraza, Antonio disfruta de un vermut acompañado de su mascota, Cleo. Lleva cerca de 40 años frecuentando el establecimiento y asegura que «es el mejor sitio para hacer alguna compra y tomarse algo».

Nataliya, vecina de la zona desde hace nueve años, bromea con Maria y Mari Ángeles mientras explica que «aquí estoy como en familia».

Antonio, Nataliya y Raimon. Foto: Toni P.

En el interior, Raimon termina una tapa de tortilla de patata mientras recuerda que lleva viniendo desde que llegó a Ibiza en 1985. «Es el mejor lugar de la zona», afirma. Jaime, apoyado en una mesa con una caña en la mano, define Es Cucó como «la zona de encuentro del barrio». Lleva dos décadas viviendo en el entorno y asegura que «como aquí no se está en ningún lado».

Desde la barra, Manolo resume otra de las claves del establecimiento. «Vengo desde que tenía 18 años. Trabajo en el camping y paso por aquí todos los días».

Más de seis décadas después de su apertura, Es Cucó continúa funcionando como un espacio cotidiano donde vecinos, trabajadores y visitantes siguen encontrándose alrededor de una barra, una tapa o uno de sus históricos pollos a l’ast.

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