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Por qué algunos jardineros clavan tenedores de plástico en sus huertos

La idea se presenta a menudo como una solución rápida y barata, fácil de aplicar con objetos que se tienen a mano en casa

Quienes recurren a los tenedores de plástico suelen hacerlo con una lógica sencilla | Foto: Europa Press - Unsplash

| Ibiza |

Clavar tenedores de plástico en la tierra de las plantas es una práctica que aparece de forma recurrente en consejos domésticos y foros de jardinería. Quienes la utilizan lo hacen como un supuesto método casero para proteger huertos y macetas frente a animales que escarban o se acercan a las plantas.

La idea se presenta a menudo como una solución rápida y barata, fácil de aplicar con objetos que se tienen a mano en casa. Sin embargo, aunque pueda parecer ingeniosa a primera vista, no se trata de una técnica recomendada por los expertos y tiene más inconvenientes de los que parece.

En qué consiste clavar tenedores de plástico en la tierra

Quienes recurren a los tenedores de plástico suelen hacerlo con una lógica sencilla: crear una barrera visual o física que incomode a gatos, pájaros u otros pequeños animales y les disuada de acercarse a las plantas. Al sobresalir del suelo, los tenedores pretenden dificultar que el animal camine o escarbe con normalidad.

Es una solución barata, rápida y aparentemente ingeniosa, lo que explica que haya ganado popularidad como «truco» de jardinería doméstica.

Por qué no es una práctica recomendable

El problema es que, más allá de lo llamativo del gesto, su eficacia real es muy limitada. Tal y como explica la especialista en sostenibilidad Tenielle Jordison para la revista Homes & Gardens, este tipo de métodos no suelen funcionar a largo plazo.

Los animales, señala, tienden a acostumbrarse rápidamente a este tipo de obstáculos, especialmente si no suponen una barrera real. Además, los tenedores no actúan sobre la mayoría de plagas habituales del huerto, como insectos o pequeños invertebrados, por lo que su efecto protector es muy parcial.

A esto se suma un aspecto clave: el impacto del plástico en el suelo. Con el paso del tiempo y la exposición al sol, la lluvia y los cambios de temperatura, los tenedores pueden degradarse, fragmentarse y contribuir a la presencia de microplásticos en la tierra, algo especialmente problemático en espacios destinados al cultivo.

Más inconvenientes de los que parece

Además del componente ambiental, clavar objetos de plástico en la tierra puede interferir en tareas habituales del huerto, como el riego, el aireado del suelo o la retirada de malas hierbas. También supone un riesgo de rotura, dejando restos difíciles de localizar y retirar por completo.

Por todo ello, los especialistas coinciden en que no es una solución eficaz ni sostenible, pese a que siga circulando como truco casero.

Qué alternativas funcionan mejor

Frente a este tipo de prácticas improvisadas, los expertos recomiendan optar por soluciones más respetuosas y efectivas, como: mallas o protectores físicos diseñados para huertos y macetas; cubiertas vegetales o acolchados naturales, que protegen el suelo y dificultan que los animales escarben, y barreras específicas adaptadas al tipo de animal que se quiere disuadir. Estas opciones, además de ser más eficaces, evitan introducir materiales plásticos innecesarios en el suelo.

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