Trabajar desde casa en invierno tiene muchas ventajas, pero también un inconveniente claro: el frío. Subir la calefacción durante todo el día cuando solo hay una persona en casa no siempre compensa, especialmente en viviendas antiguas o mal aisladas, donde el calor se pierde con rapidez.
La buena noticia es que no hace falta calentar toda la casa para estar a gusto. Existen formas sencillas y eficaces de mantener el cuerpo caliente mientras se teletrabaja, reduciendo el consumo energético y evitando pasar frío durante la jornada.
Calentar el cuerpo, no el aire
Uno de los errores más habituales es intentar subir la temperatura de toda la vivienda cuando en realidad solo se ocupa una habitación. La clave está en aplicar calor de forma localizada, centrándose en el cuerpo y no en el aire que lo rodea.
Mantas térmicas, cojines calefactables o bolsas de calor permiten mantener una sensación de confort constante sin necesidad de encender la calefacción general. Al aportar calor directo, son mucho más eficientes que calentar una estancia entera durante horas.
Prendas que ayudan a conservar el calor
La ropa también juega un papel fundamental. Capas ligeras pero aislantes ayudan a conservar el calor corporal sin incomodidad. Prendas ponibles, como chales o capas térmicas, resultan especialmente útiles para quienes alternan momentos sentados frente al ordenador con pequeños desplazamientos por casa.
Manos y pies merecen una atención especial. Calcetines térmicos, zapatillas cerradas y pequeños calentadores reutilizables evitan esa sensación de frío constante que termina afectando a la concentración.
Cuidar los puntos más sensibles
El cuerpo pierde calor con más rapidez por determinadas zonas. Mantener caliente la zona lumbar o el abdomen ayuda a mejorar la sensación térmica general. Por eso, aplicar calor suave en esas áreas no solo aporta confort, sino que puede aliviar tensiones musculares derivadas de pasar muchas horas sentado.
En el caso de quienes sufren especialmente el frío en los dedos, usar fuentes de calor puntuales mientras se trabaja con el teclado puede marcar la diferencia durante los días más fríos.
Pequeños hábitos que suman confort
Además del calor directo, conviene prestar atención al entorno inmediato. Colocar alfombras, cerrar bien puertas y ventanas o situar el escritorio lejos de corrientes de aire ayuda a conservar mejor el calor en la estancia donde se trabaja.
Aprovechar la luz solar durante las horas centrales del día y cerrar persianas o cortinas al caer la tarde también contribuye a mantener una temperatura más estable sin recurrir a la calefacción.