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EDITORIAL

Afrontar los nubarrones sin alarmismos

Ibiza |

La caída del 0,87% del número de turistas llegados a Ibiza entre enero y agosto de este año es un dato que refuerza la señal de ralentización de la economía pitiusa, de la que también ha advertido la patronal Caeb recientemente.

El incremento del número de visitantes franceses y holandeses no ha podido compensar la reducción del número de turistas británicos, italianos y alemanes, además de los españoles, los turistas salvavidas a quienes siempre se recurre para salvar los muebles en el último momento.

Pero es preciso que todos los operadores económicos pitiusos junto a la Administración autonómica e insular analicen qué puede pasar la próxima temporada y las sucesivas, porque los nubarrones que se perciben no se disiparán por mirar hacia otro lado.

El ocio goza de buena salud

Desde la Asociación Ocio de Ibiza, que agrupa a las principales empresas del sector del ocio de la isla, que da empleo a miles de trabajadores y sobre el que se sustenta buena parte del prestigio internacional de Ibiza, advierten de que es un momento peligroso para la isla. Y hacen un llamamiento a remar todos juntos.

En efecto, el auge de nuestros destinos competidores en el Mediterráneo, con una oferta muy competitiva y a precio más económico, obliga a todos a analizar en qué se puede mejorar de cara a que la ralentización de la economía y también la reducción del número de visitantes, moderada hasta ahora pero que no conviene de ningún modo minusvalorar, vaya a más.

Incertidumbre

La economía global está sumida en cierta incertidumbre. La política fiscal que impulsará el BCE, que puede eliminar liquidez monetaria en un futuro inmediato, el aumento de los precios de la energía que prevén los países productores, la política fiscal que propondrá el Gobierno para alcanzar un acuerdo sobre los presupuestos de 2019 que satisfaga a Podemos, y también el Bréxit, son factores que pueden afectar de forma negativa a lo que ya es una desaceleración en toda regla.

Quedarse mirando sin hacer nada no es una opción factible y esperar que las cosas mejoren por efecto de la suerte es imprudente. La Administración autonómica y las insulares deben reunirse con los principales operadores económicos y analizar la situación porque el turismo es muy sensible a los nubarrones que ya nadie puede negar.

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