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La protección de las lagartijas, una cuestión de expertos

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La lucha por salvar a la lagartija pitiusa hace tiempo que dejó de ser una cuestión exclusivamente científica o medioambiental para convertirse en un asunto de identidad colectiva. La Podarcis pityusensis, uno de los grandes símbolos de Ibiza y Formentera, libra desde hace años una batalla desigual frente a la expansión de las serpientes introducidas accidentalmente en las islas. Una amenaza que no entiende de colores políticos y que exige una respuesta sostenida en el tiempo.

El Govern balear ha intensificado en los últimos años los programas de captura de serpientes, ampliando el número de trampas y reforzando el seguimiento de una plaga que continúa avanzando. Es un esfuerzo imprescindible, pero insuficiente si no va acompañado de la implicación de toda la sociedad. Porque la conservación de nuestro patrimonio natural no puede recaer únicamente sobre las administraciones.

Implicación ciudadana.
Y esa implicación ciudadana existe. Cada vez son más los vecinos que colaboran permitiendo instalar trampas en sus fincas, avisando de la presencia de serpientes o preocupándose por el futuro de una especie que forma parte del paisaje emocional de las Pitiusas. Esa sensibilidad es una magnífica noticia y demuestra que la conciencia ambiental ha echado raíces en Ibiza.

Refugios.
Sin embargo, las buenas intenciones no siempre bastan. La propuesta de crear refugios o poblaciones aisladas de lagartijas nace del deseo legítimo de protegerlas, pero también entraña riesgos si no se desarrolla bajo estrictos criterios científicos. Los especialistas advierten de que la selección inadecuada de ejemplares podría favorecer la consanguinidad y comprometer precisamente aquello que se pretende preservar: la diversidad genética que garantiza la supervivencia de la especie.

No se trata de desanimar a quienes quieren ayudar, sino de canalizar esa voluntad de la manera más eficaz. La ciudadanía puede y debe formar parte de la solución, pero guiada por biólogos y técnicos que conocen la complejidad de estos programas de conservación. La improvisación, por bienintencionada que sea, puede tener consecuencias irreversibles.

Salvar a la lagartija pitiusa no consiste únicamente en eliminar serpientes. También implica conservar ecosistemas, proteger la biodiversidad y entender que algunas decisiones requieren conocimiento especializado.

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