Acostumbrado a mandar, a que cualquier Jefe de Estado le rinde pleitesía, Donald Trump también ha decidido demostrar su poder en el Mundial de fútbol. Una llamada del presidente de Estados Unidos a Gianni Infantino, el mandamás de la FIFA, ha provocado un escándalo sin precedentes en la historia de las Copas del Mundo. La conversación entre ambos acabó con el indulto a Folarin Balogun, expulsado en el partido ante Bosnia & Herzegovina, y al que pudo recurrir la pasada madrugada Mauricio Pochettino para su duelo ante Bélgica con el pase a los cuartos de final en juego.
El juego sucio de la FIFA
Esa llamada de Trump resultó suficiente para que el máximo organismo levantara el castigo del delantero, el futbolista más desequilibrante de los estadounidenses en este Mundial, y para que el Planeta Fútbol se echara las manos a la cabeza. Incluso la UEFA calificó la decisión de «incomprensible e injustificable» y advirtió que se había cruzado una línea roja. El propio Donald Trump se atrevió incluso a juzgar la acción del delantero y que él «solo» había llamado a Infantino para pedir una revisión... Infantino captó el mensaje y limpió de facto esa sanción.
El turbio pasado de Infantino
No es la primera vez que Gianni Infantino se abraza al poder... sea del color que sea. De hecho, hace unos años fue condecorado por el presidente ruso, Vladímir Putin, como agradecimiento a la organización del Mundial que organizó Rusia. También Infantino hizo campaña para que Trump ganara el premio Nobel de la Paz. Como compensación se sacó de la manga el premio por la paz de la FIFA que recibió el presidente de Estados Unidos minutos antes de realizarse el sorteo del Mundial. Con esta acción, la FIFA ha perdido una porción notable de su credibilidad y la popularidad de Gianni Infantino ha caído en picado. Eso sí, para Donald Trump es un gran dirigente después de redactar un capítulo más de una relación de amistad y favores entre ambos que avergüenza al mundo entero.