El pronunciamiento realizado por la CAEB supone un paso importante en un debate que Balears necesita afrontar con serenidad y sin apriorismos. Que la principal organización empresarial reconozca que las Islas no pueden crecer de forma ilimitada demuestra que el sector económico es consciente de los desafíos que plantea la presión demográfica y turística sobre el territorio, las infraestructuras y la calidad de vida de los residentes. Ese reconocimiento merece ser valorado. Durante demasiado tiempo el debate se ha planteado en términos simplistas, como si todos los problemas de Balears tuvieran un único responsable. La patronal acierta al recordar que la crisis de la vivienda, los atascos o la saturación de determinados servicios públicos son el resultado de años de crecimiento sin la planificación suficiente y de decisiones acumuladas durante décadas. El turismo influye, sin duda, pero no explica por sí solo una realidad mucho más compleja. El número de ciudadanos que residen todo el año en las Islas se ha disparado de una manera alarmante.
Convivencia.
También es acertada la apuesta por evolucionar hacia un modelo que genere más valor y no necesariamente más volumen. Baleares necesita seguir siendo un destino competitivo, pero también ofrecer oportunidades a quienes viven y trabajan aquí. Esa transformación exige mejores infraestructuras, más vivienda asequible, mayor productividad y una gestión pública capaz de anticiparse a los problemas.
Sin extremismos.
A las puertas de nuevas movilizaciones, el mensaje de la CAEB invita a abandonar los extremos. Ni demonizar el turismo resolverá los retos de las Islas ni ignorar el malestar social contribuirá a solucionarlos. El camino pasa por el diálogo, la planificación y la corresponsabilidad. Ese es el debate que Balears necesita y el que, por fin, parece empezar a abrirse.