La decisión del Gobierno de recurrir a empresas privadas para trasladar a los inmigrantes que llegan en patera a la isla de Mallorca constituye un síntoma más de que el fenómeno migratorio ha dejado de ser un episodio excepcional para convertirse en una realidad estructural. Cuando la Guardia Civil se ve obligada a buscar apoyo externo porque sus propios recursos no bastan, el mensaje es evidente: la presión sobre el sistema público ha alcanzado un nivel que exige respuestas estables y una planificación a largo plazo. No hay motivo para la polémica en la contratación de un servicio de transporte cuando responde a una necesidad operativa y más en un contexto en el que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado llevan tiempo avisando de que están absolutamente sobrepasados por la avalancha migratoria que viven las Islas, especialmente Formentera. También es lógico que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad dispongan de medios suficientes para centrarse en las funciones que originariamente les corresponden, sin que la falta de recursos materiales comprometa su eficacia.
Realidades.
Sin embargo, resulta preocupante que una medida concebida como excepcional amenace con convertirse en permanente. La imagen de autocares turísticos que, tras trasladar a migrantes al centro de atención mallorquín de Son Tous, continúan su jornada recogiendo visitantes refleja mejor que cualquier estadística la convivencia de dos realidades que hoy definen Baleares: un destino turístico de primer orden y conocido internacionalmente y una de las principales puertas de entrada de la inmigración irregular por el Mediterráneo occidental. De hecho, la avalancha de entrada de migrantes a Ceuta se sigue con preocupación en las Islas.
Coordinación.
Las instituciones insulares, locales y autonómicas no pueden limitarse a gestionar la emergencia una temporada tras otra. Es imprescindible dotar de medios suficientes a quienes trabajan en primera línea y asumir que la presión migratoria requiere una estrategia sostenida, coordinada entre administraciones y respaldada por Europa. Es la única manera de afrontar un problema que, desgraciadamente, no tiene pinta de contenerse sino que irá a más.