Consultar el teléfono móvil mientras se conduce se ha convertido en una de las imprudencias más extendidas en las carreteras de Ibiza. Basta recorrer unos pocos kilómetros para comprobar cómo numerosos conductores leen o responden mensajes de WhatsApp, ya sea parados en algún semáforo o bien incluso circulando, convencidos de que nada ocurrirá durante esos segundos de distracción. Sin embargo, ese breve instante puede marcar la diferencia entre llegar al destino sin novedad o provocar un accidente con consecuencias irreparables. La distracción se ha convertido desde hace años en una de las principales causas de los accidentes de tráfico, por delante incluso de otras conductas tradicionalmente asociadas a la siniestralidad. El móvil concentra todos los factores de riesgo: obliga a retirar la vista de la carretera, desvía la atención mental y, en muchos casos, también aparta una mano del volante. Es una combinación letal que reduce la capacidad de reacción justo cuando más necesaria resulta.
Peligro.
La tecnología ha facilitado la comunicación inmediata, pero también ha creado una falsa sensación de urgencia. Ningún mensaje, por importante que parezca, justifica poner en riesgo la propia vida ni la de los demás. Siempre existe la posibilidad de esperar unos minutos o detener el vehículo en un lugar seguro. Es una cuestión de sentido común.
Cambio de actitud.
La labor de vigilancia y sanción es imprescindible, pero no basta. La solución pasa también por un cambio de actitud. Igual que la sociedad acabó interiorizando el uso del cinturón de seguridad o el rechazo al alcohol al volante, debe asumir que escribir o leer un WhatsApp mientras se conduce es una conducta profundamente irresponsable. En las carreteras de Ibiza, Formentera y resto de Islas circulan miles de familias cada día. Todas tienen derecho a llegar a casa sin que la imprudencia de un conductor pendiente del móvil les cambie la vida.