Sacarse el carné de conducir en las Islas empieza a parecerse demasiado a sacarse una oposición. No por la dificultad del examen, sino por el tiempo que hay que esperar para poder presentarse. En Baleares hay 9.030 personas haciendo cola para demostrar que saben conducir. La mayoría, 7.148, aspiran al permiso B. Son miles de jóvenes y trabajadores que necesitan el coche para estudiar, trabajar o sencillamente organizar su vida en unas islas donde el transporte público no siempre llega donde ni cuando se necesita. El problema no es nuevo, pero sí empieza a resultar difícilmente justificable. Un total de 15 examinadores para atender la demanda de todo el archipiélago son claramente insuficientes, más aún cuando deben desplazarse periódicamente a Ibiza y Menorca y cuando las bajas laborales reducen todavía más una plantilla ya escasa. De hecho, la situación es especialmente penosa en Ibiza, donde la enorme lista de espera ya se arrastra desde hace mucho tiempo. El resultado son esperas que rondan el medio año para el primer examen. Y si se suspende, vuelta a empezar: el alumno regresa al final de una cola que puede convertir un error en una condena de meses.
Un asunto muy serio.
La Dirección General de Tráfico debería entender que esto no es una molestia menor. Cada plaza de examen que no se oferta tiene consecuencias económicas y personales. Las autoescuelas pierden actividad, las familias soportan más gastos y los alumnos ven retrasada su incorporación al mercado laboral o su autonomía. Algunos, sencillamente, optan por cruzar el mar y examinarse en la Península.
Solución.
La solución tampoco parece complicada. Si en junio fue posible desplazar examinadores desde la Península y examinar a 200 alumnos en un fin de semana, ¿por qué aquella experiencia no puede repetirse? Una bolsa flexible de horas extraordinarias permitiría adaptar la oferta a la demanda y aprovechar mejor la capacidad existente. Determinados servicios públicos, como es el casto de la DGT u oficinas como Hacienda o la Seguridad Social, son realmente penososos, especialmente en Ibiza, donde directamente hacer un trámite en los lugares mencionados implica armarse de paciencia y tiempo.