El dato publicado ayer es relevante y preocupante para Balears: el IPC interanual de las Islas alcanzó el 4,4 por cien en agosto, frente al 3,9 por cien de julio. Es el nivel más alto desde abril de 2023. El transporte aumenta un 5,3 por cien interanual con los combustibles y lubricantes como principales factores de este repunte.
El impacto para Balears va más allá de este 4,4 por cien, porque el carburante es un coste que se incorpora al transporte, distribución y producción de muchos bienes y servicios. Si los precios aumentan un 4,4 por cien y los salarios o pensiones no crecen en una proporción semejante, disminuye la capacidad de compra.
Una familia que necesitaba 30.000 euros anuales para mantener su nivel de consumo necesitaría unos 31.320 euros para adquirir una cesta equivalente. Una situación complicada para las rentas bajas y medias porque una parte importante de sus ingresos se destina a vivienda, alimentación, electricidad y movilidad.
En Balears, además del transporte (+5,3 por cien), vivienda, agua, electricidad y gas aumentan un cinco por cien y los alimentos un 3,2 por cien.
Reducción de la competitividad
Hay que sumar el factor diferencial de los sobrecostes de la insularidad y que el impacto del aumento del carburante puede tardar semanas o meses en trasladarse completamente al consumidor. También se reduce la competitividad de las empresas con una doble penalización insular: mayor dependencia del transporte y, simultáneamente, combustible más caro.
Las Islas, un destino más caro
El combustible encarece los vuelos, el transporte marítimo, los autocares, los coches de alquiler, la distribución hotelera y buena parte de la cadena turística. Cuando las empresas trasladan estos costes, Balears se convierte en un destino más caro.
El incremento del queroseno amenaza con reducir tanto la llegada de determinados turistas como su gasto disponible en restauración, comercio y ocio.