La compañía aérea Iberia anunció al Govern balear su intención de sustituir los reactores que cubren las rutas entre Mallorca, Menorca y Eivissa por aviones turbohélices a partir del 31 de octubre. Este cambio, según anunció la compañía, permitirá un incremento de la frecuencia de los vuelos y es la única manera de rentabilizar estas rutas, que son deficitarias.
Todas las razones estratégicas que puedan aducirse pueden resultar hasta comprensibles si no se tratara, o al menos así debiera entenderse, de realizar un servicio público. En ningún caso puede olvidarse la insularidad que padecemos y la forzosa necesidad que tenemos, por este motivo, de recurrir al transporte aéreo con mucha frecuencia para desplazarnos de una a otra isla del archipiélago. La compañía de bandera española no puede considerar a los habitantes de las Balears como unos ciudadanos de segunda y, aunque las rutas interislas sean deficitarias, deben mantenerse en unos determinados niveles de calidad, puesto que el transporte aéreo es absolutamente necesario en nuestra comunidad.
Los turbohélices, a nadie se le escapa, aparte de ser más ruidosos, desarrollan una menor velocidad, lo que evidencia un descenso notable en la calidad del servicio. Una vez más se suscitará la polémica y aparecerán quienes defiendan este tipo de aparatos, pero la experiencia ha demostrado que los ciudadanos de Balears están radicalmente en contra de los aviones de hélices. Ahora y antes. No es la primera vez que el Grupo Iberia lo intenta. Hace años Aviaco puso en servicio unos aviones Fokker que tuvo que retirar ante las protestas de los usuarios. Si durante tantos años se han utilizado aviones reactores, ¿qué ha cambiado para volver a unos aviones más pequeños, más ruidosos, menos rápidos y menos cómodos?
El Govern, que inicialmente calificó como positiva la medida, reconsideró su postura e intentará que Iberia se plantee de nuevo esta decisión con la que, una vez más, las Balears son las perjudicadas.