Eivissa celebra hoy, 8 de agosto, la conquista catalana y cristiana de la isla en 1235, una fecha que sirve de eje sobre el que reflexionar sobre los avatares a los que ha estado sometida a lo largo de los siglos. La presidenta del Consell Insular, Pilar Costa, será la encargada de realizar al comienzo de su segundo año de mandato el discurso institucional con el que se intenta recoger el sentir de los ciudadanos, sus preocupaciones y anhelos, antes de marcar los pasos que se darán para ofrecerles respuesta. Es algo mucho más que tradicional: es un momento importante, que nunca debe convertirse en un paso rutinario en medio de un programa cargado de actividades festivas. Tampoco puede convertirse en un arma arrojadiza ni propagandística, que sirva para resaltar logros y atacar diferencias. Si acaso, todo lo contrario: es cuando tiene que recordarse que existe un sólido fundamento cultural sobre el cual se construye, día a día y con más esfuerzo del que aquellos que sólo ven el aspecto más lúdico de nuestras islas, la nueva sociedad pitiusa, la que los nuevos tiempos enfrentan a una evolución imparable en la que nada será igual a lo que ha existido. Es el momento de sopesar con calma los riesgos de los nuevos rumbos y manejarlos con prudencia y con sabiduría, cualidades que no es que no existan, sino que siempre, por definición, serán escasas. Eivissa y Formentera tienen que sobreponerse a enfrentamientos ideológicos y económicos como los que se están produciendo cada vez con mayor frecuencia y de los que la moratoria urbanística puede ser un ejemplo porque tiene la obligación de cultivar una sociedad armónica y cohesionada. De no intentarlo con vehemencia, se puede poner en riesgo nuestra seña de identidad más difundida: la tolerancia, que nos ha convertido, hoy por hoy, en lo que somos.
Editorial
La fecha como símbolo de identidad