El pobre resultado que ofreció la reunión extraordinaria de la Mesa de Turismo, en la que apenas se abordó la problemática real del sector y que además contó con el plante de los hoteleros, no es más que la constatación del clima de inseguridad en el que está instalado el sector turístico pitiuso.
El contundente fracaso de la desestacionalización, la fuerte caída en el número de reservas para esta temporada, la falta de promoción en los mercados internacionales y la mala imagen que tiene de Eivissa un determinado mercado son, sin duda, serios problemas que se deberían atajar con prontitud. La desidia de las instituciones, restando importancia a estos hechos, e incluso proporcionando lecturas confusas de las cifras, como ayer reflejaba este periódico con las reservas de plazas turísticas ofrecidas por el Ibatur, no hace más que caldear el ambiente.
Desde las instituciones se trata de suavizar el problema, pero apenas se aportan soluciones. Los hoteleros, por su parte, se encierran en su protesta y exigen una reacción inmediata para paliar la situación de crisis que se avecina. Así las cosas, y con la llegada de la ecotasa, que para su desgracia se ha convertido en una cuestión política, el clima que se respira en el sector turístico no es el más propicio para entablar el esperado diálogo.
El turismo, aunque parezca de perogrullo, es el que mueve nuestra economía, el que marca la pauta a seguir y el que para bien o para mal ha construido nuestra sociedad. Por eso es tan importante cuidarlo y por eso es imprescindible que todas las partes implicadas en ello se vuelquen en conseguir un consenso necesario. Sólo con el trabajo de todos se podrá alcanzar el modelo de turismo que queremos y que buscamos; ese modelo por el que todos los gobiernos, sean del color que sean, deberían apostar.