Con cuentagotas comenzaron ayer los ciudadanos ibicencos a acercarse al terminal informático que les permite pronunciarse sobre la Constitución Europea antes del referéndum oficial, convocado para el 20 de este mes. No tiene más valor que el experimental, pero supone una oportunidad única para participar en la que puede ser la democracia del futuro: un sistema de consulta directa y vinculante al que se puede tener acceso en poco tiempo y a un coste muy inferior al que genera el montaje de toda la parafernalia actual. El reto es fascinante porque supone un primer contacto con el mundo hacia el que nos dirigimos siempre y cuando la cabeza no nos traicione y la ambición y la demagogia no tergiverse y derive la normal evolución de nuestra democracia, que se basa en un razonamiento sencillo: elegimos en secreto, en virtud de nuestras preferencias y convicciones, a los mejores para que éstos, ya en público y asumiendo la responsabilidad de sus decisiones, se comprometan a buscar el bien común. Por nuestro propio interés sólo intentaremos votar a aquellos que reconocemos como cualificados para entender el fondo y la forma de la cosa pública, descartando así, en teoría, escoger a aquellos que sabemos que actuarán con peligrosa ligereza. Es una delegación de segundo nivel que, de momento, ningún gobierno occidental cuestiona, pero que las nuevas tecnologías pueden reconvertir en un sistema político en el que prime el anonimato, con el peligro que puede representar. ¿Alguien es capaz de garantizar que, en caso de ser preguntados, los votantes de cualquier país no ordenarían la aplicación de la pena de muerte en casos que han provocado un gran impacto social? Es sólo un ejemplo y quizás extremo, que debe servir para que todos reflexionemos sobre el papel que nos va a tocar vivir y que algunos ya están notando en la punta de sus dedos, aunque sea de manera experimental.
Editorial
Ibicencos frente a la 'ciberdemocracia'