Zapatero se reunió durante más de dos horas con el presidente del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, encuentro que sirvió para que el Ejecutivo central diera por solucionados los problemas económicos que afectaban a ambas administraciones sobre tres temas: el cupo vasco, la Ertzaintza y el «Prestige».
Dejando a un lado el carácter dialogante del presidente del Gobierno -en cuatro meses se ha reunido dos veces con el lehendakari-, queda en el aire una de las cuestiones que más preocupan a la ciudadanía y a los populares: ¿Se está pactando ya el fin del terrorismo etarra? Ibarretxe no quiso aclarar el contenido de la reunión y se limitó a pedir «discreción», algo importante si está poniendo sobre la mesa el futuro de la paz en el País Vasco y en España, pero totalmente rechazable porque la ciudadanía desconoce hacia dónde avanzan o retroceden las posturas de ambas administraciones. Igual de discreto será el encuentro que el lehendakari mantenga con la ilegalizada Batasuna, algo que sobrepasa los límites democráticos y que debería censurarse hasta que la formación abertzale condene el terrorismo.
Los primeros pasos para llegar a acuerdos entre el Estado y el País Vasco se han dado, pero el futuro es totalmente incierto y oscuro. Ibarretxe insiste en que hay que avanzar en el proceso de paz y abrir caminos de diálogo. Habrá que ver si se consigue un avance o un retroceso, ya que puede estar concretándose un precio político muy difícil de asumir.
La paz y la libertad no tienen precio y eso es lo que no deben olvidar ni Rodríguez Zapatero ni Ibarretxe. La «discreción» que proclama el lehendakari puede llevar a equívocos o a malas interpretaciones, sobre todo si pensamos en la derrota definitiva de ETA.