El Gobierno central aprobó ayer la fusión en un solo mando único de las direcciones generales de la Policía y la Guardia Civil y designó para el cargo al hombre que ha dirigido a la Benemérita en los últimos meses, el mallorquín Joan Mesquida. Éste, cuando fue nombrado para dirigir el Instituto Armado, cosechó elogios incluso entre sus adversarios políticos por la labor que llevó a cabo cuando fue conseller d'Economia del Govern del Pacte de Progrés.
El trabajo que ha desarrollado como director general de la Guardia Civil le ha valido para que el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, haya pensado en él y le haya nombrado para la tarea de dirigir los dos principales cuerpos policiales del Estado. La unificación del mando era una promesa programática socialista que, de este modo, se ha visto cumplida. El objetivo, como declaraba ayer el ministro, no es el de fusionar ambos cuerpos, sino el de conseguir una mayor y mejor coordinación entre ambos. Y esto es algo deseable después de haber constatado desencuentros que, en ocasiones, han puesto en peligro incluso algunas investigaciones.
Y por otro lado, es de esperar que, desde el nuevo e importante cargo que ocupa, Joan Mesquida pueda seguir consiguiendo mejoras para la seguridad en Balears, con la dotación material y humana que precisa una comunidad autónoma como la nuestra sometida a fluctuaciones poblacionales importantísimas por su dependencia del turismo. Una realidad que, sin duda, conoce de primera mano y que le ha llevado a incrementar la presencia de la Guardia Civil en las Islas.
Otro asunto en el que puede ser esencial la participación de Mesquida es en la coordinación de los cuerpos policiales estatales con las policiales locales, algo que evidentemente podría revertir en beneficio de los ciudadanos. Le espera una ardua tarea por delante, pero de una enorme importancia y trascendencia. En beneficio de todos hay que desearle la mayor de las suertes.