Las elecciones celebradas el domingo en Galicia y Euskadi son un aviso a navegantes a la política de Zapatero. La victoria aplastante del PP en Galicia es una dolorosa bofetada para los socialistas y ha supuesto un balón de oxígeno para un Rajoy que comienza a ver la luz tras los escándalos protagonizados por militantes del PP y la lucha interna que vive su partido. En Euskadi, el incremento electoral de los socialistas es evidente; Patxi López aspira a ser lehendakari, pero deberá contar con el PP. Ahora mismo, el futuro de Euskadi pasa irremediablemente por la postura que adopte el PP, que también es partidario de enviar a los nacionalistas a la oposición.
Si nos fijamos en Galicia, la lectura de las elecciones debería servir para que el PSOE analice seriamente los resultados. Una sola legislatura ha bastado para que los gallegos dejen de mantener la confianza en el socialista Pérez Touriño y sus socios del BGN. La gestión de esta coalición no ha convencido a los ciudadanos y el PP ha vuelto al poder con una más que cómoda mayoría absoluta. Si tenemos en cuenta que Núñez Feijoo es uno de los «delfines» políticos de Rajoy, el presidente del PP nacional puede estar más que satisfecho.
En Euskadi se plantean ahora muchos interrogantes. PSOE y PP quieren desbancar al PNV, aunque podrían necesitar el apoyo del partido de Rosa Díez. Si Patxi López consigue sacar su investidura, ¿cuál será el precio que pagarán los socialistas vascos y el propio Zapatero? No conviene olvidar que el presidente del Gobierno necesita los votos del PNV en el Congreso de los Diputados y enviar a los nacionalistas vascos a la oposición supondría abrir un nuevo frente político de consecuencias imprevisibles. Es posible que las elecciones gallegas, sobre todo, sean un primer indicativo del malestar ciudadano por la gestión de la crisis por parte de Zapatero. En las elecciones europeas de junio el líder socialista tendrá otro examen en las urnas.