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Editorial

La huella imborrable de un atentado mortal

| Palma |

Concluyen hoy las tres jornadas de luto decretadas en Balears por el Govern con motivo del brutal atentado perpetrado el pasado jueves en Palmanova, cuando dos guardias civiles fueron asesinados por la banda terrorista ETA al hacer estallar los integrantes del 'comando Mallorca' una bomba en el momento en el que iban a subir a su vehículo oficial. Dos jóvenes, Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvà, se convertían así en las primeras víctimas mortales de la violencia etarra en Balears.

Desde el primer momento la sociedad de las Islas y del conjunto de España quedó conmocionada por la salvaje acción de ETA, apenas unas horas después de que intentara provocar una auténtica masacre en el casa cuartel de la Guardia Civil en Burgos. Desde el primer momento se activaron los protocolos de seguridad para tratar de capturar a los autores de los dos asesinatos, además de efectuar un despliegue policial sin precedentes en la Isla al cerrar todas las comunicaciones por vía marítima y aérea con el exterior.

El Rey se manifestó ayer con gran contundencia contra los terroristas y los ciudadanos de Balears han dejado constancia de su absoluto rechazo, al igual que en ocasiones anteriores, a la violencia terrorista. Nada ni nadie puede justificar la muerte de dos personas. La unidad de todas las fuerzas políticas democráticas se ha escenificado sin fisuras en los funerales que se oficiaron en la Seu y a los que asistieron los príncipes de Asturias, una imagen que, por fortuna, se ha podido recuperar en los últimos tiempos. Con excepción de unos pocos incidentes aislados, el pueblo balear ha dado ejemplo de serenidad y firmeza en unos momentos tan difíciles como los actuales. El luto oficial ha acabado, pero lo ocurrido estos días nos deja a todos una huella imborrable.

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