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OPINIÓN | Montse Monsalve

Feliz Año

| Eivissa |

No tengo muy claro hasta qué fecha es correcto desear “Feliz Año” a las personas a las que me reencuentro tras las vacaciones de Navidad. Permítanme, aunque consideren que un 15 de enero es una fecha tardía, que les desee que este 2017 sea uno de esos ejercicios ricos en salud, amor y trabajo, porque el dinero viene cuando se alinean esos tres astros, sin los que la vida sabe a ensalada sin aliñar y a pepino viejo. Yo no soy de esas personas que construyen su vida en torno al azar o ansían que les toque la lotería, principalmente porque creo más en el esfuerzo y en la suerte de ser feliz día a día, por lo que me quedo con ese triunvirato poderoso y le ruego a la Virgen de Lourdes, como en el chiste, que me deje como estoy, y que no me toque a los míos.

Espero también que los Reyes Magos les hayan traído todo lo que pidieron en sus cartas. En mi caso les aseguro que uno de los ruegos que más he enarbolado desde esta tribuna y otras, era que no se aprobase una ley que permitiese que nuestros pisos se convirtiesen en pseudohostales descontrolados. Gracias, Sus Majestades, por cumplirlo. Ahora toca controlar esta actividad y hacer cumplir las normas para que siga siendo ilegal alquilar viviendas residenciales y no veamos a los miles de turistas que visitan nuestra isla en nuestros edificios. No sé si esta petición deberé hacerla en mi próxima carta. Llámenme romántica o clásica, pero me gusta que me saluden por el portal en mi idioma, dormir por las noches y no escuchar ruido, fiestas ni música atronadora durante todo el verano. Baltasar, siempre cumples, querido. Espero que las multas de entre 20.001 y 40.000 euros por incumplimiento de la Ley 8/2012 se impongan de manera firme para que las arcas de nuestros Consistorios puedan dedicaros cabalgatas mucho más espectaculares, en plan ADLIB como la de Madrid, y que sirvan además como aviso a navegantes y especuladores.

Anhelo que estas fechas familiares hayan sido para ustedes tan especiales como para mí, a pesar de que para reunirnos con los nuestros hayamos tenido que pagar cifras astronómicas por los vuelos. Sea como fuere, al menos en mi caso, ha merecido la pena disfrutar de mis padres, de mis hermanos, de mis sobrinos y de los amigos de mi otra vida, esa que parece que no ha cambiado al otro lado del Mediterráneo. Es curioso volver a sentir el olor de la infancia, del amor sincero y la protección de aquellos para los que siempre serás el que fuiste.

El comienzo de un nuevo año sirve para mucho más que para desplazarse de nuevo a Madrid para divulgar los atractivos de nuestra isla en Fitur, pagando por cierto de nuevo cifras astronómicas por los vuelos. Cada enero es el remanso de nuevos proyectos, de una serenidad que te lleva a autoconvencerte de que no volverás a tropezar con la piedra del estrés, de la falta de tiempo para hacer deporte, para comer sano, para fortalecer tus relaciones sociales, leer más, viajar mucho y, en esencia, dedicarte más tiempo a ser feliz y, por ende, proyectar esa energía en los que más te importan. Si en este artículo les deseo Feliz Año con todas letras es para que no se olviden de esas palabras, las más importante de nuestro diccionario, para que recuerden su esencia y para que entre todos hagamos de este un mundo mejor, en el que gente completa y satisfecha sume. Sonriamos más, enfadémonos menos, no juzguemos, respetemos a los que opinan diferente y, sobre todas las cosas, hagamos de cada cosa pequeña algo grande. Feliz 2017.

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