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OPINIÓN | Julia Navarro

La gran burla

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Aventureros, cínicos, manipuladores, cobardes. Sí, estas son algunas de las definiciones que se me ocurren sobre algunos de los impulsores del «proces».

En realidad no sé como no se les cae la cara de vergüenza cuando ahora reconocen que nunca hubo la más mínima posibilidad de llevar su aventura secesionista adelante puesto que no contaban con la mayoría de sus conciudadanos. O, el colmo del cinismo, otros explican que no podían imaginar que desde el Estado se pudiera responder a su órdago, e incluso Puigdemont se ha atrevido a decir que todo lo que habían montado era para obligar al Gobierno a negociar.

La verdad es que toman por auténticos idiotas a sus conciudadanos de Cataluña. Les han tomado el pelo de la manera más indigna. Han alentado una revuelta y luego se desmarcan diciendo que no iba en serio.

Yo no sé que pensarán los ciudadanos de Cataluña pero espero que incluso los que de buena fe defienden el independentismo den la espalda a todo este grupo de aventureros que les han guiado a la nada.

Sí, Puigdemont, Junqueras, Forcadell, los de la CUP, todos, se han burlado de los ciudadanos catalanes y de paso del resto de los españoles. Porque solo como una burla se pueden entender sus excusas cobardicas.

En sus declaraciones vienen a decir con un cinismo insoportable que no entienden la reacción del Estado porque lo de la independencia en realidad no iba en serio.

Mientras Puigdemont continua haciendo el ridículo en Bruselas, Oriol Junqueras ha designado sucesora a Marta Rovira, a la que ve como presidenta de la Generalitat, con el consejo añadido de que intente tejer una alianza con Ada Colau y Podemos. Y es que Junqueras ya da por ganador a su partido en las elecciones del 21 de diciembre.

En cualquier caso si el 21 de diciembre gana Ezquerra e intenta volver a llevar adelante la aventura secesionista ya saben la respuesta: el artículo 155 de la Constitución.

Dicho sea de paso con la aplicación del artículo 155 no ha pasado nada excepto que se ha recuperado la normalidad en Cataluña. Por tanto si alguien la vuelve a quebrar sabe que el Estado tiene herramientas para devolver la legalidad.

Esperemos que los «padres y madres» del «proces» tengan a bien dejar de burlarse de los ciudadanos.

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