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Opinión | Vicente Juan Segura, obispo de Ibiza y Formentera

Las reliquias de Santa Bernardita

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Las reliquias de Santa Bernardita han llegado a nuestra diócesis de Ibiza esta semana, desde el jueves pasado, día 17 hasta el día de hoy, y han estado en la Catedral, en San Antonio, en Santa Eulalia y en Vila, en la Parroquia de Santa Cruz, dentro del recorrido que están realizando por España con motivo de la declaración en este año 2019 como «Año de Santa Bernardita», al celebrarse los 175 años de su nacimiento y el 140º aniversario de su muerte.

Con ocasión de este año están llevando sus reliquias por algunas diócesis, y entre las que han elegido esta nuestra Diócesis de Ibiza, siendo que se tiene una buena idea de cómo somos aquí y muy especialmente cómo veneramos a los santos, honrándolos y tratando de imitarles en sus cosas buenas de su vida en la tierra para ir preparándonos también a ir hacia el cielo como nos propone Dios.

Santa Bernardita Soubirous (1879) nació en Lourdes (Francia) en 1844. Hija de padres pobres. En el bautismo le pusieron por nombre María Bernarda, pero todos la llamaban Bernardita.

La niña tuvo siempre muy débil salud a causa de la falta de alimentación suficiente, y del estado lamentablemente pobre de la habitación donde moraba. En los primeros años sufrió la enfermedad del cólera que la dejó sumamente debilitada.

A causa también del clima terriblemente frío en invierno en aquella región, Bernardita adquirió desde los diez años la enfermedad del asma, que al comprimir los bronquios produce continuos ahogos y falta de respiración.

Esta enfermedad la acompañará y la atormentará toda su vida. Al final de su existencia sufrirá también de tuberculosis. Bernardita a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprender el catecismo. Pero tenía unas grandes cualidades: rezaba mucho a la Virgen y jamás decía una mentira.

Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita. Las apariciones las podemos leer en detalle en el día 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes. La vida de la jovencita, después de las apariciones, estuvo llena de enfermedades, penalidades y humillaciones, pero con todo esto fue adquiriendo un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para el cielo. Bernardita pidió ser admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers.

Demoraron en admitirla porque su salud era muy débil. Pero al fin la admitieron. A los cuatro meses de estar en la comunidad estuvo a punto de morir por un ataque de asma, y recibieron sus votos religiosos, pero enseguida curó.

Los primeros 6 años estuvo trabajando, pero fue tratada con mucha indiferencia por las superioras. Después los otros 9 años padeció noche y día de dos terribles enfermedades: el asma y la tuberculosis. Al llegar a la Comunidad reunieron a las religiosas y le pidieron que les contara cómo habían sido las apariciones de la Virgen. Luego le prohibieron volver a hablar de esto, y en los 15 años de religiosa ya no se le permitió tratar este tema. Son sacrificios que a los santos les preparan altísimo puesto en el cielo.

El 16 de abril de 1879, exclamó emocionada: «Yo vi a la Virgen. Sí, la vi, la vi ¡Qué hermosa era!» Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada: «Ruega Señora por esta pobre pecadora», y apretando el crucifijo sobre su corazón se quedó muerta. Tenía apenas 35 años.

A los funerales de Bernardita asistió una muchedumbre inmensa. Y ella empezó a conseguir milagros de Dios en favor de los que le pedían su ayuda. El 8 de diciembre de 1933, el Santo Padre Pío XI la declaró santa.

Entre las cosas buenas que Santa Bernardita nos enseña está la importancia del rezo del rosario. Siento este el mes del rosario y acogiendo en estos días sus reliquias, que sea una buena práctica de los que somos católicos rezar mucho y bien el rosario.

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