La noche posterior a los asaltos sufridos el pasado jueves en varias viviendas de los alrededores de Casa Lola estuvo marcada por el miedo, la ansiedad y la falta de sueño entre las familias afectadas. Tras el violento episodio vivido durante la mañana —cuando un hombre ensangrentado irrumpió en cuatro viviendas de la zona de Es Cubells sembrando el pánico entre los residentes antes de ser detenido por la Policía— las horas siguientes se convirtieron en una auténtica pesadilla para muchos vecinos.
Como si se tratara de una escena sacada de una película de terror, el sonido de la tormenta durante la madrugada acompañó el temor de unas familias que todavía trataban de asimilar lo ocurrido apenas unas horas antes.
Angustia
«Hemos tenido una noche realmente horrorosa», explica la vecina de la primera vivienda asaltada, todavía muy afectada por lo sucedido. Su marido tuvo que salir a trabajar de madrugada y ella permaneció sola en casa con sus tres hijos. «Uno de mis hijos tiene seis años y, aunque hemos intentado mantenerles al margen de todo lo ocurrido, se despertó a las cuatro de la mañana llorando desconsoladamente y preguntándome si «los okupas son malos y podrían matarnos», relata.
La mujer asegura que pasó el resto de la noche durmiendo junto a sus hijos. «Este fin de semana mi madre se llevará a los niños para que puedan cambiar de aires un poco», explica.
Las secuelas emocionales empiezan también a hacerse notar físicamente. «Esta mañana he tenido que ir al médico porque tengo mucha ansiedad. Tengo el cuerpo como si me hubieran dado una paliza», afirma.
Miedo
En la última de las viviendas asaltadas —donde el individuo provocó numerosos destrozos antes de ser finalmente detenido— la situación tampoco ha sido fácil de gestionar. «Me he pasado toda la mañana en la Guardia Civil», explica la propietaria.
Gracias a que su marido trabaja en la construcción pudieron reparar rápidamente parte de los daños para poder dormir en su habitación esa misma noche. Sin embargo, el impacto emocional sigue muy presente. «A mi tía, que estaba dentro de la casa cuando entró el hombre, le han diagnosticado un cuadro de ansiedad que probablemente le dure varios días. Esta noche ya la ha pasado en casa de otro familiar», señala.
La principal preocupación de la familia son sus hijos. «Damos gracias de que todo ocurriera a esa hora y no en otro momento en el que los niños estuvieran en casa. Tenemos cinco hijos», explica. Los mayores, de 16 y 13 años, sí fueron conscientes de todo lo sucedido, mientras que los pequeños —de ocho, siete y un año y medio— han podido mantenerse al margen.
Foto: Toni P.
«Mi hija mayor quiso dormir con sus hermanos pequeños y mi hijo, que tiene una habitación exterior, tuvo que dormir dentro con nosotros. Esta noche ha sido muy larga», admite.
La mujer asegura que intenta mantenerse fuerte dentro de la situación. «Mi marido también está muy asustado por nosotros y, de momento, va a reducir sus horas de trabajo para pasar la mayor parte del tiempo con la familia», añade.
Inseguridad
El temor se ha extendido entre muchos residentes de la zona. «Tenemos mucho miedo», resume otra vecina. «Cada vez hay más gente, sobre todo en Casa Lola, donde ya hay niños y perros peligrosos. No tienen luz ni agua y se las apañan como pueden para conseguirlo», denuncia.
La vecina asegura que la preocupación aumenta a medida que crece el número de asentamientos ocupados en los alrededores. «Está viniendo más gente que ocupa otras casas y, cuanta más gente llega, más miedo tenemos, sobre todo después de cosas como las que ocurrieron ayer. Da miedo, mucho miedo», insiste.
Asentamientos
Otra vecina, que reside cerca de uno de los chalets ocupados de la zona, asegura que la situación se ha agravado especialmente en los últimos meses. «El mismo día del desalojo de Can Misses empezaron a llegar autocaravanas una detrás de otra. La mayoría acabaron en Casa Lola», relata.
Según explica, el problema ya no se limita únicamente a ese enclave. «No es solo allí. Hay al menos otras tres casas ocupadas en la zona. Una de ellas es la del holandés, muy cerca de mi vivienda, y allí se escuchan peleas constantemente. Ha habido incluso cuchilladas entre ellos», asegura.
La vecina afirma haber perdido la cuenta de las veces que ha visto acudir a la Policía, la Guardia Civil o incluso ambulancias a esa vivienda. «No dejo de pensar en mi vecina, la primera que sufrió el asalto, que vive rodeada de casas ocupadas con sus hijos y aun así sigue allí. Es una valiente», afirma.
Según denuncia, la situación «ha ido subiendo de tono» y asegura que muchos de los recién llegados «no respetan absolutamente nada». «Se enganchan a la luz, se las apañan para robar agua y tiran la basura por encima de las vallas. El bosque está lleno de plásticos y suciedad», lamenta.
La residente considera que el origen del problema se encuentra en el entorno de Casa Lola y Casa Paola. «Todo empezó allí. Apenas derribaron parte de la casa se instaló gente tanto en las estructuras que quedaron en pie como en otras que han ido levantando en plan chabola. Ahora esto va camino de convertirse en otro asentamiento como Can Rova y tantos otros que ha habido en la isla», sostiene.
Denuncias
La vecina explica además que algunos residentes ya trasladaron su preocupación al Ayuntamiento. «Fuimos a hablar con el alcalde, pero salimos bastante decepcionados», asegura.
Según su relato, durante ese encuentro se les habló de las deudas que la propietaria de los terrenos, Paquita Marsan, mantiene con el Ayuntamiento y se insistió en la necesidad de llamar al 112 y presentar denuncias cuando se produzcan incidentes.
Sin embargo, muchos vecinos aseguran sentir miedo incluso a denunciar. «Tenemos que poner nuestro nombre y apellidos en las denuncias y nos da miedo. Esta gente vive al lado de nuestras casas y nunca sabes lo que puede pasar», concluye.
El episodio del pasado jueves comenzó alrededor de las 12.30 horas, cuando varios vecinos escucharon gritos, golpes y cristales rotos procedentes de una vivienda de la zona. Poco después, un hombre ensangrentado irrumpió sucesivamente en cuatro casas mientras numerosas familias se encontraban en su interior. En una de ellas llegó incluso a acceder al dormitorio de un matrimonio mientras su bebé dormía en la habitación contigua. Finalmente, el individuo fue detenido por agentes de la Policía tras refugiarse en el baño de una de las viviendas asaltadas, donde causó importantes destrozos.
Vaya novela no?