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Lecciones de un maestro en economía

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Me van a permitir que aproveche estas líneas para hacer un poco de autobombo de un evento muy chulo que organizamos el viernes 17 de noviembre a través de Onda Cero Ibiza y Formentera en el Centro Cultural Can Jeroni de Sant Josep de Sa Talaia. Fue la segunda edición del Encuentro de Empresarios en Positivo y aunque nunca pensé que podría llegar a decir esto, he descubierto que a la economía no hay que tenerle miedo, que se puede entender si te la explican bien y que, incluso puede tener su lado divertido.
Madre mía Manu quien te ha visto y quien te ve. A ese alumno que aborrecía esa asignatura en la carrera de Periodismo en la Universidad San Pablo CEU a pesar de tener buenos profesores que se esmeraban en explicarla lo mejor posible, le ha valido una conferencia de algo más de una hora y una mesa redonda con los principales actores empresariales de Ibiza como PIMEEF, CAEB, Fomento del Turismo, Ocio de Ibiza y Cámara de Comercio, para darse cuenta que no es tan árido el tema como lo pintan y que, incluso, hay tiempo para seguir aprendiendo.
También es cierto que todo es más fácil si tienes delante a un economista y profesor como Javier Díaz-Giménez que destaca por su sencillez, su cercanía y su pasión por comunicar todo lo mucho que sabe. Y por supuesto, por ser capaz de compaginar humor con datos duros y realistas que nos hacen ver la situación de una manera mucho más comprensible que lo que se empeñan en transmitir otros que ocupan puestos de gran relevancia o que aspiran a gobernarnos para intentar hacer nuestra vida mejor. Y es que con él y su famosa cabra, que es una metáfora perfecta de nuestra economía, hasta un analfabeto económico como yo puede comprender fácilmente como llegamos a la crisis de 2008, como reventamos, como nos recuperamos y como estamos ahora. O es mas, viendo una simple pero completa gráfica de lo que supuso la separación de Checoslovaquia en 1992 en los países de la República Checa o Eslovaquia es muy fácil poder entender lo que puede suponer la separación de Catalunya de España para los ciudadanos y la economía de ambos, más allá de que muchos puedan defender que está por encima tener un pasaporte nuevo, hablar tu propia lengua o defender que un trozo de tela te representa.
Incluso, viendo cifras y valoraciones objetivas de forma amena y divertida entiendes que hay dos maneras de ver el desarrollo de nuestra economía y también de nuestra vida. Por un lado aquellos que son agoreros, siempre se quejan y siempre ven todo negativo, y por otro aquellos que son todo lo contrario, son luz, gente luminosa y optimista que siempre buscan a lo que agarrarse para sonreír. Vale que no es fácil y que si miras afuera descubres que hay muchos que se empeñan en dejar esto arrasado como un solar del que apenas quedará nada para los que vengan después, que son demasiados los que no respetan a su vecino o a los que piensan diferente y los que insisten en crear muros ideológicos en lugar de derribarlos para buscar puntos de encuentro, pero también escuchando a Díaz-Giménez descubres que a pesar de todo hay motivos para la esperanza. Que España, con sus luces y sus sombras y con sus muchas cosas que mejorar, terminará el año con buenas previsiones económicas y que 2024 puede ser igual de bueno, y que si eso es así se debe al trabajo de todos y de todas sin importar si somos bajitos, gordos, delgados, con bigote o con gafas, si somos del Atleti, del Barça o del Escalerilla, si comemos carne o somos veganos o nos gusta el azul, el rojo, el morado o el verde o si blasfemamos cuando llega el momento en catalán, euskera, madrileño, andaluz o extremeño.
Porque ahora que anda el patio revuelto con el tema de la investidura, los independentistas, las amnistías, las cesiones, las protestas en la calle y otras muchas cosas más que no se donde nos llevaran, tal vez sea un buen momento para respirar hondo, mirar al cielo, tomar aire y apuntarnos y guardar a buen recaudo en nuestra mente una de las muchas reflexiones acertadas de la conferencia del viernes en Can Jeroni de Javier Díaz-Giménez. «Solo si estamos unidos podemos seguir creciendo porque los problemas a los que nos enfrentamos como el cambio climático o las crisis migratorias no entienden de regionalismos». Chapeau. Me quito el sombrero. Y es que una cosa no quita la otra. Usted y yo podemos ser muy diferentes, podemos creer en cosas distintas, hablar otro idioma, rezar o confiar en distintos dioses o animar a distintos equipos, e incluso, votar a distintos partidos políticos, pero al final lo que nos debe unir es el bien común de vivir lo más felices posibles y, sobre todo, en paz. Y ya si de propina la economía va bien, entonces levantaremos nuestra copa y seguiremos brindando por la vida.

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