El último pleno del Ajuntament d’Eivissa volvió a dejar una escena demasiado habitual últimamente. La degradación del debate político deja paso a instantes de excesiva crispación que, a través del histrionismo y la sobreactuación, conducen a desagradables enfrentamientos, por lo demás estériles. Y en el centro de esa dinámica, una vez más, el portavoz del PSOE de Vila y exalcalde Rafa Ruiz, cuya trayectoria reciente evidencia un evidente desgaste que ya supera el ámbito político y alcanza, tristemente, al terreno personal.
Lejos de ejercer una oposición razonable, educada, comedida, rigurosa y centrada en los problemas reales de los ciudadanos de Vila, Ruiz parece instalado en una estrategia de tensión permanente. No desaprovecha la menor oportunidad para enturbiar el ambiente, elevar el tono y buscar el enfrentamiento con los regidores del PP y aún más de Vox.
Mala educación
En el pleno celebrado este jueves, perdió la compostura al intervenir mientras estaba en el uso de la palabra el concejal Héctor Andrés. El alcalde Rafa Triguero (PP) se vio obligado a reconvenirle hasta en tres ocasiones. Sin embargo, lejos de rectificar, el anterior primer edil le desafió instándole a expulsarle del salón de plenos. «Échame si tienes huevos», le esputó al alcalde. Le faltó sacarse el palillo de la boca y escupir en el suelo. Triguero no cayó en la trampa, porque aunque hubiera sido lo procedente, era lo que Ruiz perseguía, en su estrategia calculada de aparecer ante la ciudadanía y ante sus compañeros de partido como un combativo socialista que planta cara a la derecha. Vamos, un resistente antifascista al que apoyar por su coraje, su valentía y su determinación.
Triguero optó por la contención y acertó, lo que no impide constatar que la actitud de Rafa Ruiz, sostenida en el tiempo, es antidemocrática e impropia del cargo que todavía ocupa y aún más, del que —en mala hora— ostentó entre 2015 y 2023 al frente del ayuntamiento de la capital. Su deriva arrabalera, confundiendo el pleno con una tasca donde dar rienda suelta a su conocida querencia por el matonismo y la mala educación, ha llegado a niveles insospechados.
El problema de fondo radica en su incapacidad manifiesta para asumir el veredicto de las urnas. En las elecciones municipales de 2023, los vecinos de Vila retiraron su confianza al PSOE tras ocho años de mandato de Ruiz. Perdió 1.160 votos respecto a 2019, mientras el PP experimentó un crecimiento de 2.935 sufragios, lo que le otorgó una mayoría absoluta incuestionable. ¿Nadie en el PSOE de Vila se ha parado a pensar en las razones de ese radical giro electoral? Sin duda, se trató de una enmienda a la totalidad a su gestión municipal.
Caso puertos
Sin embargo, lejos de asumir la derrota, el exalcalde parece instalado en una oposición de trinchera y en una sobreactuada teatralidad que a nada conduce. Y lo hace, además, en un contexto personal y judicial que no puede ignorarse. Ruiz está procesado en el conocido ‘caso Puertos’, en el que la Fiscalía le atribuye presuntos delitos de prevaricación y fraude en la concesión portuaria del Club Náutico de Ibiza. Se enfrenta a tres años de prisión. Casi nada.
Cualquier líder político en circunstancias similares se vería afectado. Precisamente por eso, cabría esperar mayor prudencia, moderación y rectitud en su forma de conducirse, con un perfil más bajo, alejado de polémicas y centrado en su defensa jurídica.
Persistir en la crispación permanente no le hace ningún favor. Parece mentira que nadie en el PSOE se lo diga. Alguien debería hablarle claro, aunque duela, porque seguir así es insostenible, para él y para el partido. Algún compañero habrá que le recomiende, por su propio bien, dar un paso al lado y alejarse de esa espiral crítica en la que se ha metido. Es lo mejor para todos, aunque él no lo vea; porque él es el único que no lo ve. Suele suceder.